AL TRASLUZ
Con cariño
EN UNA ENTREVISTA publicada ayer por este periódico leo unas palabras de Amilivia que enlazan con una idea que me venía martilleando desde hace meses como tema para una columna, y que no terminaba de salir, o simplemente me echaba para atrás la crispación imperante. Afirma el alcalde: «Los partidos se presiden con cariño», dentro de una argumentación sobre los innegables problemas existentes en el sector berciano del PP, y para los que aboga por soluciones no traumáticas, siempre que estas sean posibles. Ignoro los entresijos del caso, aunque en su día me repugnaron unas declaraciones contra Eduardo Fernández lanzadas por un compañero de partido, vamos a llamarlo así. Acierta Amilivia, porque el cariño, en el sentido que él lo utiliza, es sinónimo de esperanza y diálogo, nunca debilidad, sino el único arma capaz de ganar sin vencedores ni vencidos; aunque algunos lo ponen difícil, porque confunden la política con sus propios problemas, la gestión con gestionarse. La política rara vez es un ámbito propicio para los valores del corazón, aunque siempre hay personas que dan la talla de lo humano; son precisamente quienes más prestigian a sus partidos, aunque quizá no siempre les sea reconocido. He estado trabajando en un proyecto con Juan José Perandones y con Natividad Cordero, socialista y popular, respectivamente. Si alguien me pregunta qué necesita nuestra política diré que muchos como ellos. El cariño es una herramienta indispensable para dirigir equipos, para hacer un mundo mejor. Frágil como el cristal, resistente como el hierro. No puede comprarse. Se da.