EN EL FILO
PP, partido de la paz
DESPUÉS DEL TRÁGICO accidente de helicóptero, en el que han muerto nuestros soldados, posteriormente de ser debidamente identificados y acompañados hasta España por nuestro ministro de Defensa, José Bono, y recibidos en España por el Rey, el Príncipe de Asturias y el presidente del Gobierno, no ha pasado mucho tiempo sin que el PP quiera sacar rédito a lo sucedido. La tesis del Partido Popular es que el Gobierno que preside José Luis Rodríguez Zapatero ha enviado soldados españoles en «misión de guerra» y se escandaliza y pide explicaciones por ello. Probablemente es el único ángulo que la memoria catastrófica de la gestión de Federico Trillo en el accidente de Turquía, en el que perdieron la vida 62 militares españoles y los errores en la identificación rozaron el esperpento, le permite al PP intentar buscar el descrédito del Gobierno en este horrible suceso. Tal vez no estamos acostumbrados a que la coherencia sea el fundamento de la dialéctica y la base de los comportamientos políticos. Pero, a estas alturas, quien impulsó la guerra de Irak y se movilizó internacional e infructuosamente para que la ONU respaldara la invasión, y que a pesar de todo, la convalidó con su más entusiasta apoyo político, pueda buscar aristas a nuestra colaboración en la pacificación de Afganistán, y al mismo tiempo pretenda que el Gobierno que sustenta el Partido Socialista realiza una política de contradicción y animadversión manifiesta contra el Gobierno de los Estados Unidos de Norteamérica. Me imagino que la comparación entre la forma en que José Bono ha gestionado esta tragedia, con el recuerdo espeluznante de cómo se manejó el accidente del Yak-42, sea difícilmente soportable para los dirigentes del Partido Popular. Pero no parece plausible que el camino elegido -el de cuestionar la presencia de soldados españoles en Afganistán- tenga un recorrido ciertamente serio y riguroso, cuando lo que se reclama es la reconstrucción de la relación transatlántica poniendo en cuestión uno de los pilares que la pueden hacer posible. Es una pena que el mes de agosto empiece a precipitar su fin sin que en el Partido Popular haya signos de que los castigos electorales recibidos facilitan la lección que les permita una ocupación del centro político. Los vaticinios son un comienzo de curso con más de lo mismo y con Rafael Hernando suelto, sin mensura, por los pasillos del Congreso de los Diputados. ¡Qué pena que en España la coherencia y la cordura sean asignaturas optativas entre nuestra clase dirigente! Porque ahora acabamos de descubrir que en realidad, el Partido Popular, el PP, es un partido pacifista. En fin, un disparate. Probablemente nada ante lo que se presume que nos queda por ver y oir en el transcurso de los próximos días.