Diario de León
Eduardo Aguirre
León

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HAY DIVERSIONES muy extrañas. En San Sebastián de los Reyes, 7.000 personas encontraban  placentero correr delante de unos animales, que no eran precisamente de compañía. La risa terminó en llanto. Dicen que los encierros son algo muy nuestro, pero lo de algunos es mera nostalgia de la animalidad,  de cuando todavía no habíamos sido domesticados por la cultura, ni siquiera por el fútbol. Nostalgia del eslabón perdido. Siempre hemos sido un pueblo obsesionado con demostrar la hombría, asociada a lo testicular. Hay una España racional,  no por ella menos auténtica o con menos sentido de lo heroico, que se avergüenza de estos espectáculos de pintura negra. Quien necesite descargar adrenalina que reconstruya una aldea destruida por un temporal, verán qué subidón de dignidad, o lea las noticias sobre Irak. Hace no mucho aún debatían en Zamora si arrojar una cabra desde un campanario era una tradición respetable o mera brutalidad. A veces es bueno dar un golpe de timón sobre la costumbre, pues no todas las pátinas son honorables. Algunos países consideran bárbaros estos festejos nuestros y nada dicen de sus propios horrores,  no lo convirtamos en excusa para justificarnos. Si estas tradiciones forman nuestra identidad española  colectiva, mucho más Francisco de Vitoria, Cervantes,  Cajal,  Unamuno... y  Machado, quien fijó muy bien las diferencias entre pueblo y populacho. Es cierto, no hay una única forma de ser civilizado, ni un único sentido del festejo, pero también hay muchas formas de ser animal. Seamos personas, tarea que nunca acaba.

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