LA VELETA
Rajoy y la autonomía
HABLAN, pero no se entienden o, más bien, prefieren no entenderse dadas sus respectivas circunstancias. Rajoy pide lo imposible: que Zapatero le muestre su proyecto territorial de España, maqueta incluida. Y Zapatero ofrece a Rajoy un abanico de diálogos con el Gobierno, y con él mismo, sobre asuntos de Estado para un mutuo acercamiento. Pero entre dialogar sobre España y ver la maqueta del país hay una gran diferencia, y esa diferencia venía reflejada en el modo en que Rajoy exhibía su desencanto tras dos horas de charla con Zapatero. Y de lo explicado por la vicepresidenta del Gobierno se deduciría que el presidente abrió el muestrario de su talante ante Rajoy y le ofreció media docena de diálogos, cada uno de ellos con su formato y su horma. Será María Teresa Fernández de la Vega quien organice cada diálogo sectorial, pero sobre antiterrorismo sólo hablarán directa y personalmente Zapatero y Rajoy. ZP habría insistido en que ETA nunca obtendrá por la paz un precio político y en que no se abrirá ninguna vía de exploración sobre el terreno de la paz mientras la organización terrorista no abandone las armas de modo creíble. Pero ZP defiende su espacio y la decisión/autorización parlamentaria para un diálogo con la banda etarra en las condiciones reiteradas ayer el presidente. Rajoy desplegó nuevamente sus criterios sobre la mala gestión del Gobierno socialista y, refiriéndose a su entrevista con Rodríguez Zapatero, precisó que no había conseguido saber para que había sido citado en La Moncloa. Y es que, añadió con un certero grafismo dialéctico, «es muy difícil viajar juntos si no se sabe adonde se va». Salió de la entrevista el líder de la oposición, según sus palabras, «tan preocupado como entré». Realmente no van tan mal los asuntos nacionales como para que el Partido Popular apriete las señales de alarma, actitud que en los sondeos no merece juicios favorables, y Rajoy lo ha entendido, por lo que trataría de reorientar a su partido hacia una oposición políticamente más rentable, al ser más medida y menos crispada. Pero la vicepresidenta primera del Gobierno sembró ayer maliciosamente una duda sobre la independencia de Rajoy en el Partido Popular al decir: «... una vez podamos contrastar la autonomía que tiene para dar respuestas concretas a los temas concretos que hemos planteado». Zapatero no puede prescindir en varios asuntos de la colaboración del PP, y el PP o, más bien Mariano Rajoy, no sobreviviría como líder político obedeciendo ciegamente a quienes se mueven, y mandan, entre bastidores de su partido.