EL RINCÓN
La última palabra
EN PRINCIPIO no hubo trato y todo fue chalaneo en la multitudinaria y polémica Conferencia de Presidentes autonómicos. Ni lo tuyo ni lo nuestro, dicen algunos de los presidentes de los ejecutivos autonómicos. Otros ofrecen partir la diferencia. El Consejo de Política Fiscal tenía que decidir y acordar una cifra con la que nadie estará de acuerdo. Se dice que esa era siempre la mejor solución: la que deja igualmente descontentas a las dos partes. Mientras la gente siga enfermando y crea que hay remedio para sus males, la financiación sanitaria seguirá siendo un problema para los ciudadanos españoles, agravado extraordinariamente por los matices y los intereses políticos que los partidos introducen en el debate sobre el asunto. Para acabar de arreglarlo, se han inventado muchos más fármacos que dolencias registradas por la ciencia médica y no acabamos de creernos que todas sirven menos las que nos va a recetar nuestro último médico. A Miguel Mihura, resucitado ahora por obra y magia de José Luis Garci, le preguntó un periodista qué epitafio desearía que inscribiesen en su tumba. «Ya decía yo que ese médico valía muy poquito», respondió. Ahora lo que se debate es el valor de la sanidad, del sistema sanitario español. El Partido Popular acusa al Gobierno de inflar las cifras de un reparto que juzga «claramente insuficiente» y lo califica de «parche». Rodríguez Zapatero triplica el dinero y proclama el «consenso básico». La gran pregunta es: ¿por qué hace una semana el Gobierno ofrecía quinientos millones y después triplicó la cifra? Por eso he hablado al principio de chalaneo. Si hay dinero, ¿a qué viene ese tira y afloja? Quizá los dimes y diretes, sobre todo los diretes, estén encaminados a hacernos creer que son inevitables las subidas de impuestos de la electricidad y la gasolina, además de los que gravan el alcohol y el tabaco. Decir que no van a subir de ninguna de las maneras siempre crea alarma social: es el primer paso para aprobar su incremento. Mientras discutían, el Rey les esperó durante dos horas. Para almorzar.