Diario de León
Francisco Muro de Íscar
León

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EL MINISTRO del Interior, José Antonio Alonso, hizo una de sus escasas y medidas apariciones públicas en la reinauguración de Los Desayunos de Europa Press, un éxito de convocatoria y de presencia de medios, que se van a convertir en el acto político y periodístico más importante de todos los que se celebran en Madrid, que ya es decir. Alonso, leonés y amigo de Zapatero desde la infancia, leal como nadie, constante, discreto hasta hartarse, repasó todos los problemas de su competencia y no se saltó el guión en ningún momento. Alonso no se saltaría el guión ni «harto de vino», que diría el castizo. Mide tanto sus palabras, sus expresiones, sus términos, que a veces resulta cortante y poco interesante para los periodistas. Pero ésa debe ser la principal virtud de un ministro de Interior que lo que tiene que hacer es trabajar, resolver problemas y no crearlos. Es un administrador de silencios, que no puede permitirse especular y que sabe muy bien dónde está. Tanto, que fue capaz de fijar su opinión respecto a su presidente y a algunos miembros del Gobierno en relación con las excesivas expectativas que se están creando respecto al final de ETA. «Comparto las esperanzas, pero vinculadas a hechos, no a opiniones ni intenciones», afirmó. «La especulación sobre ETA produce desacuerdos entre los demócratas y da alas al terrorismo», me dijo no hace mucho. «La unidad de los demócratas es imprescindible y las víctimas son una referencia moral en la sociedad civil y hay que escucharlas siempre», reiteró en la cita de Europa Press. Seguramente no lo tiene fácil en algunos momentos, pero cree lo que dice y trabaja para acabar con ETA, que es lo que debe hacer un ministro de Interior. Otra cosa es lo que se pueda estar cociendo en otros niveles del Gobierno. El contrapunto está en Carmen Calvo, la ministra de Cultura, más conocida por lo que dice que por lo que hace, y que, pese a todo, está encantada de haberse conocido y no necesita que nadie mejore su autoestima. La tiene por las nubes. Ahora ha conseguido tener en contra a todo el mundo del cine (que ya es difícil cuando el 90 por ciento es militante) y ha aprovechado el Festival de San Sebastián para contar lo bien que lo hace todo y no escuchar ni una sola de las muchas críticas que todos, unánimes, le hacen. Quienes la conocen dicen que es una mujer encantadora y de buen trato con quienes trabajan para ella. Pero cuando adivina un periodista o le ponen delante un micrófono, se pierde. No sé si se sienta al lado de Alonso en el Consejo de Ministros, pero debería copiar algo de él. Una ministra no es un espectáculo, aunque los espectáculos dependan de una ministra.

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