Diario de León

TRIBUNA

Los padres ante el comienzo de curso

Publicado por
LUIS RIESGO MÉNGUEZ
León

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¿A QUÉ COLEGIO debemos enviar a nuestro hijo o a nuestra hija? ¿Cuál es la edad más conveniente para hacerlo? ¿Cómo debemos proceder los padres? He ahí tres interrogantes que, ante el comienzo de un nuevo curso, solemos plantearnos los padres. ¿A qué colegio debemos enviarle? Son múltiples los factores a considerar. Quizá el más importante el Ideario -expreso o tácito- del colegio. Porque educar es mucho más que instruir. Educar es sembrar ideales, formar criterios, fortalecer la voluntad¿ Y aunque es en el hogar donde esos aspectos deben ser prioritariamente atendidos, el colegio constituye un complemento indispensable para lograr que tales objetivos queden profundamente grabados en el alma del niño. Atención pues a ese ideario que, normalmente, marcará la orientación del colegio, los criterios de profesorado y el modo de ser de los mismos padres de los alumnos con los que se han de relacionar nuestros hijos. Conviene fijarse asimismo en la ubicación del colegio, en sus instalaciones -aulas, patios, zonas deportivas, etcétera- en la distancia a que se halla del propio hogar, etcétera. ¿Cuál es la edad más conveniente para hacerlo? Hasta los tres años, más o menos, el niño precisa la permanente proximidad de la madre. Ello no quita que pueda haber circunstancias en que una imperiosa necesidad obligue a que se le lleve a una guardería antes de esa edad. Procúrese en tal caso que una atención individualizada supla, en la medida de lo posible, el ambiente maternal que precisa. Pero en torno a los tres años es conveniente que nuestro hijo comience a integrarse en algún jardín de infancia. ¿Ventajas? Se facilita su independencia de la madre, deja de ser centro exclusivo de atenciones, aprende que para recibir es preciso dar, que para ser aceptado por sus amiguitos tiene que ceder que renunciar a sus caprichos, se va sometiendo al orden que significa un horario, una disciplina, etcétera. Todo lo cual tiene una importancia muy superior al hecho de que aprenda a leer o a escribir. Esto es muy secundario. Incluso sería contraproducente forzarlo, pues exige una maduración de los centros cerebrales correspondientes, que no se alcanza hasta los seis años. ¿Cómo debemos proceder los padres? Ante el pequeño que comienza su vida escolar, los padres debemos procurar: 1. Prestarle una mayor atención cuando vuelve al hogar, manifestarle nuestro contento porque «ya es un hombre» (o «una mujer»), etcétera. Se pretende con ello que supere cuanto antes la eventual sensación de abandono. 2. Mantener un frecuente contacto, ambos esposos a una, con el colegio, no sólo con la dirección, sino también con los profesores que llevan personalmente su enseñanza. Y que el niño se de cuenta de ello. 3. Seguir de cerca, entre bromas y veras, sus pequeños avances -por todo lo que tiene de estímulo- y los problemas que en algún caso se pueden ir presentando: zurdera, timidez, dificultades de integración, deficiencias en la vista o en el oído, etcétera, para, con tranquilidad y sin angustias, ir poniendo la debida solución. Una vez más, y sin que ello signifique minusvalorar el papel del padre, la ternura y la intuición de la madre tienen aquí un lugar insustituible.

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