Diario de León
Eduardo Aguirre
León

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NI TROMPETAS apocalípticas, ni un aquí no pasa nada. La sociedad está preocupada con el rumbo que están tomando los nacionalismos. Ya no se trata tanto de ver la botella medio llena o medio vacía, sino de que se rompa o no el frasco y nos quedemos sin contenido y sin continente. Me importa un bledo cómo se definan, nación o asociación de amigos del pan con tomaca, porque su proyecto no es más que la voluntad de cuatro familias por salir en los sellos. Lo que ya se me escapa es qué pinta el PSUC en ese tinglado nacionalista y burguesón del XIX, cuando se supone que debería primar el discurso universalista y de solidaridad entre los pueblos, característico del socialismo. Pero ahí los tenemos, soñando con su fronterita y haciendo cuentas todo el día, como si no hubiese más jerarquía que la económica y la del  barrio en el que a uno le nacieron. Ya lo he escrito alguna vez: mi patria son Homero, Shakespeare, Cervantes, Van Gogh, Verdi... y si se me permite un localismo, mi señora.  Sí, mi patria está allí donde estén mis raíces terrenales y las escogidas. Ante toda esta perorata nacionalista dan ganas no ya de declararse ciudadano del mundo, sino del big bang. Pero no, qué caramba, uno es español precisamente por eso, porque siéndolo mi patria es a la vez todas las patrias que me han formado. Somos copla y jarcha, pero también ópera, lead y blues de Luisiana. Mañana, Maragall le explicará el Estatut al Rey. La sociedad no es catastrofista, pero no aceptará irresponsables juegos malabares con nuestro proyecto común, basado en la hermandad.

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