LA VELETA
Una buena noticia
FLOTABA ayer la política en aguas agitadas por el proyecto de 'estatut' y Melilla transmitía la noticia, ya recurrente, de una nueva avalancha de subsaharianos contra la valla fronteriza, superada por más de trescientos infundidos de notoria violencia. Y es que la agresión a un guardia civil o a un soldado, al ser delito, les facilita la estancia en España a la espera de juicio. Se descarta con ello la posible repatriación instantánea, si es que pudiera realizarse, lo que suele resultar muy difícil. Inquieto el Gobierno por el embolado que el Parlament catalán envía al Congreso español y seriamente disgustado por el hecho de que la gendarmería marroquí no hubiera impedido el asalto masivo de ayer al vallado de Melilla, se hacía más necesaria que nunca una noticia reconfortante para La Moncloa, y al fin se produjo en Francia, al ser capturados tres etarras, uno de ellos no identificado inicialmente y, por lo tanto, presunto. Pero los otros dos, Harriet Aguirre, supuesta mano derecha de Txeroki, máximo jefe de los comandos operativos de ETA, e Idoia Mandizábal, a la que se atribuye el atentado contra el ahora diputado socialista Eduardo Madina, son dos pesos fuertes de la sección verdugos de la banda. Noticias como la detención de estas personas subrayan la estrecha colaboración entre las policías española y francesa, y sobre todo tienden a sofocar las especulaciones sobre contactos, negociaciones o intermediaciones entre el Gobierno y ETA. Lo cual es bueno y no porque diluya falsedades, que pudieran no serlo, sino por la inoportunidad de montar ataques contra el Poder Ejecutivo sobre simples hipótesis. La lucha contra ETA ofrece, desde la detención de su líder 'Antxa' hace un año, una lista suficientemente densa de capturas como para no avalar la teoría de que el Gobierno ha cedido en la lucha antietarra. A pesar del arsenal que se les ha capturado, ni Aguirre ni Mendizábal estaban a punto de cometer un atentado, según el ministro Alonso, ya que se movían en un escalón superior al de los comandos activos, desde el que se ordena pero no se ejecuta. Se trata, pues, de un descabezamiento en una de las altas esferas de la banda terrorista. Es fácil entender que la banda no sólo se sienta debilitada por las bajas sufridas en los últimos años sino profundamente turbada y recelosa por las infiltraciones que los servicios de inteligencia habrían realizado en sus filas. El ministro Alonso, al agradecer la colaboración de la policía francesa y la eficaz labor de la española, se refirió muy expresamente a la Comisaría General de Información del Cuerpo Nacional de Policía, «que está realizando una tarea excelente».