CON VIENTO FRESCO
Una opa muy contaminada
IGNORO LOS EFECTOS prácticos de la moción del ayuntamiento de Ponferrada contra la opa hostil de Gas Natural a Endesa, pero la creo de interés porque ha obligado a los partidos políticos a posicionarse y a mojarse el culo, conducta que no parece del agrado de algunos, que prefieren la ambigüedad de la orilla al frío de la corriente, y más si ésta es procelosa. Por eso me ha parecido oportuna la postura del alcalde de presentar al pleno dicha moción contraria a la opa, porque como él intuyo las graves consecuencias que puede tener sobre la minería leonesa; moción que además coincide con el sentir de muchos ciudadanos y con las declaraciones del presidente del comité de la empresa, Juan Sobredo, que también mostró la honda preocupación de los trabajadores porque una empresa de gas se haga con la propiedad de una central térmica. Los socialistas bercianos, incondicionales de las declaraciones de Rodríguez Zapatero el pasado domingo en León, en las que defendió, sin argumentos, las bondades de la opa para el Bierzo, se han opuesto a la moción tildándola de política, con la excusa increíble de que se trata de una operación empresarial en la que los partidos han de ser neutrales. No cabe mayor ceguera o peor cinismo. Que alguien a estas alturas no vea la opa como una operación política para el control de la energía en España es que está ciego o comulga con ruedas de molino. Las declaraciones del presidente del gobierno apoyándola sin ambages es el mejor argumento de su carácter político, y la campaña de desprestigio de Endesa en los medios afines, como las críticas de Adena a la contaminación de las centrales de esta empresa, confirma sin asomo de dudas que van a por ella, cuestionando incluso la utilización del carbón como combustible. La opa sería una cuestión empresarial si no hubiera de por medio un proyecto de estatuto catalán que, entre otras lindezas anticonstitucionales, como lo de la «nación catalana», no pretendiera blindar su economía y establecer un sistema fiscal propio al margen del Estado, creando, mediante una reforma fraudulenta de la Constitución, un estado confederal de territorios con derechos y deberes desiguales. Lo que diseña dicho estatuto, de no frenar sus ansias autonomistas en el Congreso, es una Cataluña independiente desde el punto de vista político y fiscal, pero ligada económicamente al resto de España para extraer de ella recursos y plusvalías sin tener que corresponder solidariamente con el resto. Los recursos que Endesa obtiene en España, tanto en producción como en venta de energía, engrosarían las arcas catalanas, pues allí tendría su sede fiscal. No entiendo el seguidismo de los socialistas leoneses a los intereses personales alocados de Zapatero. Entiendo aún menos otra cuestión derivada de la opa: la sustitución del carbón por el gas en la producción de energía si aquélla se consumara. Esto es lo que temen el comité de empresa, el presidente de la Diputación y algunos partidos. Zapatero habló en Rodiezmo de la defensa del carbón leonés; pero CC. OO. amenaza con movilizaciones porque el Plan del Carbón se retrasa y no parecen cumplirse las expectativas que en el tenían cifradas. No sirven las buenas palabras de Zapatero. Lo que me preocupa es que sabiendo, como saben todas estas cosas, los socialistas leoneses hablen de politización del asunto y apoyen sin el menor espíritu crítico al jefe. Uno sabe por experiencia que los partidos son necesarios en democracia pero son poco democráticos en su organización interna. Discrepar cuando se disfruta de tantas prebendas es peligroso; fuera hace mucho frío. En asuntos de mayor envergadura, como la discusión del estatuto catalán, las discrepancias con el jefe serán mínimas, aunque algunos se lleven las manos a la cabeza ante el abismo al que nos conduce este presidente. Sin las protestas de la sociedad civil, todo depende de un hombre, y en León, por desgracia, ya conocemos por experiencia su talla política e intelectual.