Diario de León
Publicado por
RAFAEL TORRES
León

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«El PNV es solidario con el pueblo catalán, que sufre el desprecio a sus decisiones y la negación de su identidad nacional» JOSU JON IMAZ Presidente del PNV «El proyecto estatutario catalán ya ha salido desde Cataluña limpio como una patena» J. LL. CAROD-ROVIRA Presidente de ERC «Hay muchos ciudadanos catalanes que se sienten parte de la nación catalana sin por ello sentirse excluidos de la española» A. PÉREZ RUBALCABA Portavoz del PSOE «Nunca he hecho una película por dinero y no la haré » ROBERT REDFORD Actor y director «Me gusta París, es la ciudad más civilizada del mundo» OMAR SHARIF Actor PARA una vez que un procedimiento de tramitación es exquisita y rigurosamente constitucional, va y se arma, o, mejor dicho, la arman. ¿Y quién la arma? ¿los «constitucionalistas»? ¿cuáles?, porque hay dos clases, a saber: los que exigen a la actual Constitución del 78 que sea gendarme y carcelera de las aspiraciones ciudadanas de profundización democrática, que son los que más ruido meten, y los que la aprecian y respetan como lo que es, un marco básico de convivencia que incorpora no sólo la posibilidad, sino la necesidad de desarrollarse a impulso de las variaciones reales de la propia convivencia, siendo éstos, por su mayor tolerancia y sujeción a la esencia de la democracia, los que menos chillan en el artificial guirigay organizado a cuenta de la elaboración y discusión parlamentaria del proyecto de reforma del Estatuto de Catalunya. Conviene, pues, recapitular, no sea que alguien poco avisado se figure que vamos al abismo que dice Aznar -no al que él estuvo a punto de llevarnos, sino a otro- o que, por seguir utilizando las truculentas admoniciones del ex, «volvemos a las andadas»: un Parlamento democrático, representativo y legítimo, el de Catalunya, elabora y aprueba por amplia mayoría un proyecto de reforma y mejoramiento de su Estatuto de Autonomía. Como quiera que la presencia del nacionalismo catalán es abundante y fuerte en esa cámara regional, se carga el acento, como es lógico, en la reivindicación del carácter nacional, singularidad que justifica, de otra parte, algunas de las reformas que se pretenden, tendentes en lo administrativo a una mayor autonomía respecto al Estado central. De ahí lo de «nación», que en modo alguno significa que España no lo sea o que la catalana no siga estando ligada, e incluso subordinada, a la española. Aprobado el texto de reforma en el Parlamento catalán, se traslada para su debate y eventuales modificaciones al Parlamento español, que con otra mayoría, representativa del conjunto de la nación española, debe finalmente aprobarlo o no. Eso es todo. Así de impecable. Así de normal. Así de sano. Pero los «constitucionalistas» sólo ven, porque les conviene, abismos por todas partes.

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