Diario de León
Publicado por
JOSÉ CAVERO
León

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ES SABIDO, y ha podido comprobarse ya en distintas ocasiones, que Zapatero no sólo suscita el apoyo de sus fieles, también provoca el rechazo de otros cuantos ciudadanos. Muchos de ellos no dudan en apostrofarle y crearle motes más o menos ingeniosos o pretendidamente hirientes: se ha llamado gafe, por ejemplo, el sonrisas, el vacuo... Sin tener que recurrir a la serie de epítetos descalificativos que sobre él ha derramado, en muchas intervenciones parlamentarias o en mítines desarrollados en muchas ciudades del país, el principal dirigente de la oposición, Mariano Rajoy, que permanentemente nos lo pinta como inadecuado para el cargo, sin idea ni noción de qué España quiere, sin capacidad para liderar la nación española y sobrado de ignorancia en todas las cuestiones. Pues bien, este doce de octubre, y por razón de su prolongada charla con periodistas durante la recepción en el Palacio Real, nacía un nuevo mote para Zapatero: el alquimista. Así daban en calificarle quienes observaban que proclamaba que tenía hasta ocho fórmulas diferentes para resolver el problema de la designación de Cataluña como Nación, compatible con la Nación española de los términos constitucionales. Tanta fórmula para resolver un problema de denominaciones le valía ese nuevo mote. Zapatero tiene fórmulas para la nación catalana y tiene el modo de resolver el problema que, a su vez, plantea la propuesta catalana de financiación, con más fórmulas. Y tiene ya, o estará buscando más fórmulas para conseguir lo que se propone y no ve, en absoluto, difícil de conseguir: un Estatuto catalán que quede «limpio como una patena», es decir, en línea con lo que establece la Constitución española vigente. Desde luego, la tarea de Zapatero parece ardua, en este propósito. Para los dirigentes de la oposición y para muchos analistas es una tarea imposible. Entienden que no bastará con modificar uno, quince o cincuenta artículos de la Propuesta de reforma, porque lo que debiera modificarse es su espíritu total, su propósito de producir cambios en la Constitución y en otras leyes fundamentales, su rechazable intervencionismo económico..., y que todas esas modificaciones no se rectificarán con enmiendas concretas a artículos concretos, sino con una enmienda a la totalidad y una reelaboración «con otro espíritu» radicalmente distinto, en el que cedan posiciones los nacionalistas que han impuesto sus criterios en el texto presentado en el Congreso de los Diputados... El alquimista Zapatero, en cambio, dice que está en condiciones de hacer esa transformación de un Estatut inadmisible a un Estatut constitucional, «limpio como una patena» de contenidos inadecuados e inconvenientes.

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