CRÓNICAS BERCIANAS
El corral comarcal anda revuelto
LAS CASTAÑAS llegarán este año mínimas, pero dulces como golosinas. Como las manos arrugadas que todavía se resisten a la pérdida de ese tesoro ingente de los sotos bercianos. En el corral político de la comarca, por comparación agropecuaria, ocurre todo lo contrario. Los movimientos son perezosos, pero notables, y rezuman amargura. Lo demuestra, por ejemplo, esa cita semisecreta de barones socialistas -con significativas ausencias- en torno a Miguel Martínez. El de Toreno, pese a lo que se propague en filas afines al pujante saavedrismo es el que tiene línea directa con Zapatero, y parece conveniente estar al lado de sus posicionamientos. Tiene mucha razón el portavoz del PP en el Consejo Comarcal, José Luis Castro, cuando comenta que Saavedra puede que no sea la bruja piruja, pero que quienes le buscan una escoba para que se esfume están más entre los pétalos de la rosa, que bajo las alas de la gaviota. Castro tal vez salga ahora a la palestra con más confianza, porque ve que la triple P que los críticos populares vienen esgrimiendo amenazante contra Isabel Carrasco y sus adláteres se ha reblandecido. A la última reunión asistieron pocos, y algunos ya descreídos. Incluso cuentan maliciosamente que a López Placer, desde la cúpula del partido, ya le han ofrecido contrapartidas con suficiente peso como para que al final los populares no vayan atomizados a las elecciones del 2007 en el ámbito comarcal. Lo que no significa, ni mucho menos, que en Ponferrada López Riesco y compañía se puedan permitir el más mínimo regocijo. Ángel Escuredo es hombre tenaz, en lo personal y en lo político, y en la capital berciana habrá una tercera vía electoral al PP-PSOE. Tal vez con las siglas que Escuredo elija para la ocasión. Acaso con un «remix» en el que suene con fuerza ese extraño ayuntamiento de siglas entre PB y UPL. Hay pasta, mucha pasta, para financiar una nueva opción, que probablemente a quien más perjudicará será a la hegemonía del PP en Ponferrada, y que facilitará el acceso al primer sillón consistorial del candidato socialista. Tanta «guita», digo, como malestar y resentimiento en determinados círculos empresariales, algunos ligados al ladrillo, que están verdaderamente hartos del acotamiento del suelo en el municipio. Existen argumentos más que razonables en el fondo de este hartazgo. Muy lejanos, en cambio, del filibusterismo que vuelve a exhibirse en el concurso para adjudicar el nuevo hotel de La Rosaleda. El corralito se ha puteado de nuevo, y salen a escena viejos actores como los que en su día ya sobreactuaron en el principal proceso de venta de las parcelas edificables del naciente barrio ponferradino. Yo no tengo ni repajolera idea de a quién se adjudicará el solar hotelero. Pero si quisiera apostarme un euro lo haría por los gallegos frente a la oferta de Empresas del Bierzo Agrupadas. Sólo por un signo. Cuando esta última sociedad se quedó al margen de La Rosaleda al entender que no era un buen negocio, patalearon casi los mismos protagonistas. Si al final me equivoco, presagio un cómplice y dulce silencio en el gallinero.