FRONTERIZOS
El cine
DICEN que la cosa va mal para el cine. Cuentan que las salas pierden espectadores no sólo en las películas españolas -causantes para un sector importante de la sociedad y los medios de todos los males del país-, sino también en esa gran cantidad de morralla que llega todos los días del otro lado del mar con o sin excepción cultural. Quizá la apuesta por el público más joven y el abandono al que la industria ha sometido al espectador maduro está pasando factura. Y por este lado del Manzanal se comenta que la Escuela de Cine vine una situación crítica que puede comprometer su futuro. «Eso ya lo decía yo», oigo decir en las barras de los cafés a esas personas eternamente preclaras a las que tanto admiro y envidio por ser capaces de encajar perfectamente el pretérito colectivo en su presente particular. Mientras tanto, en la Ciudad del Puente se ha celebrado esta semana el III Festival de Cine con una discreción mediática que roza la indiferencia, una repercusión ciudadana acorde con su raquítico presupuesto y una, sin embargo, más que notable participación de público. Es éste un festival que se mantiene más con la entrepierna que con la cartera, a base de la autoexplotación de un puñadito de entusiastas a los que probablemente el listo de la barra de café, entre chupito y chupito, ponga a escurrir y augure un futuro borrascoso. Aún con mi pesimismo natural, a mi me gustaría animarles a continuar, a intentar mejorar y a profundizar en la búsqueda de un hueco en el complicado mundo de los festivales de cine para el de Ponferrada. Aunque sólo sea para poder quitarle de la boca al listo de la barra lo de «eso ya lo decía yo».