Diario de León
Eduardo Aguirre
León

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LA POLÍTICA es el arte de encontrarle solución a los problemas, pero aún más debe ser el de no crearlos. ¿Dónde esta el problema? se preguntaba Manuela de Madre, del PSUC, de quien elogiamos una reciente tribuna en este periódico. Pues para empezar, que el discurso del nacionalismo -¿qué hay de lo mío?- no cuadra con los valores universalistas de la izquierda. Supongo que a Carod no se le puede coger por las solapas para que sienta español, que es mucho más que un dato en el pasaporte o un qué remedio. Ni a él, ni a nadie. Quien esto escribe no entiende ser español y leonés -de adopción- como dos pertenencias paralelas, sino como una sola, será porque aquí tampoco se nació ayer. No digo León y España, como si fuesen realidades diferentes, ni siquiera dos emociones distintas. Sin embargo, no me gustan las discrepancias que degeneran en demonización, y de eso veremos mucho. Calma. Más calma. El debate me pareció un despilfarro de inteligencia y de valores, dignos de ser empleados en otras causas. No puedo evitar la sospecha de que tanto el nacionalismo catalán como el vasco se basan, pese a sus diferencias, en la convicción de superioridad sobre el resto. Admiro a Cataluña como parte de una cultura a la que pertenezco, no sólo que está ahí. Reconozco en mi formación los ecos de Gaudí, Dalí, Pla, Espriu, Gil-Albert, Segalá, pero también los del bético romano Séneca: «No debemos circunscribir nuestra alma a ningún lugar; se debe vivir con este convencimiento: no he nacido para un solo rincón, mi patria es todo el mundo por entero».

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