Diario de León
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FEDERICO ABASCAL
León

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AL PP NO LE DISGUSTA su soledad política, ni la teme, y vive con íntima satisfacción, tenazmente persuadido de que la verdad es posesión suya, y de que podría adquirirla en propiedad si las cosas siguieran así. ¿Cómo?. Dando el presidente del Gobierno más pasos hacia el abismo, según advirtió el popular Eduardo Zaplana. Sería una lástima, sin embargo, que España se despeñase por el precipicio del Estatuto aunque en su caída no le acompañase el PP, único en salvarse. Pero no se trata de hacer bromas con la actualidad política. El PP se quedó solo en el Congreso, y volvió a quedarse solo después en el Senado, al retirar todos los grupos sus enmiendas al proyecto de Ley de Defensa Nacional, que fue aprobado frente al voto en contra de PP, PNV y BNG. El PP no pudo defender sus propias enmiendas porque se le había olvidado presentar a tiempo en el Senado las que había defendido en el Congreso. Puede pasarle a cualquiera. No teme el PP la soledad sino que hasta la disfruta, y ayer se solazaba porque en el debate sobre admisión del Estatuto se había alzado la figura de Rajoy por encima de todas las demás. Es posible que en la memoria de quienes vieron el debate por televisión, o desde las tribunas del Congreso, tarde en borrarse la última intervención del líder popular, cuando se refirió al presidente del Gobierno como a «este buen hombre», apelativo que encierra más desprecio que un insulto lacerante. Ha conseguido ya Rajoy, por su estrategia política de los últimos meses, que nadie vaya a atreverse en su partido a laminarlo antes de las próximas elecciones. Mejor orador que él, no hay en Génova 13, y dirigente más adaptable a las circunstancias, tampoco, a no ser Aznar, quien parece satisfecho no obstante en su papel de mando a distancia. Y mientras el PP vivía la euforia de su derrotada parlamentaria, de la que salió aureolado Rajoy, aunque no más allá del ámbito popular, en el Gobierno se analizaban las primeras advertencias de los proponentes de la reforma del Estatuto, que no parecían nada dispuestos a someterse a una campaña de rebajas. Va a abrirse ya el plazo, inicialmente de quince días, para presentar enmiendas a la propuesta de Estatuto, y ya se ha inaugurado el periodo de negociación entre bastidores parlamentarios. El PP anunciará lo que piensa hacer en la comisión constitucional, por boca de Mariano Rajoy, en Barcelona, midiendo obviamente los efectos electorales de su actitud. La soledad no le importa, porque sabe muy bien que ganando las próximas elecciones, aunque sea por la mínima, vendrían a hacer cola a su puerta, en ayuda del vencedor, varios partidos que hoy lo desdeñan.

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