AL TRASLUZ
Pero no tontos
EN TIEMPOS de crispación, permanezcamos serenos como filósofos estoicos. El boicot contra los productos catalanes generará otros revanchismos. Ahora bien, no neguemos sin más el derecho ciudadano a premiar o condenar marcas y actitudes. Del mismo modo que hoy por hoy no vetaré productos catalanes por el hecho de serlo, reconozco que puedo aplicar mi sanción a entidades, productos o grupos empresariales, sean catalanes o no, cuya actuación vaya contra mis valores. Nunca he comprado cierta marca de ropa que se anunció con la foto de un enfermo de sida agonizante. Ese es mi derecho como consumidor, como lo es dejar de escuchar una emisora o de leer un periódico. Sin embargo, recelo de las campañas orquestadas, de quienes anhelan colgarse una etiqueta o colgárselas a los demás. Personalmente, creo que el empresariado catalán debería mostrar una actitud más comprometida con España, y no sólo por temer pérdida de mercado, pero para mí aún no ha llegado la hora de los vetos, y ojalá no llegué. Estoy más con el estilo que se desprendió del partido Madrid- Barça donde no hubo un mal gesto, pese a la goleada y a la presión extra deportiva que pesó sobre el encuentro. O con la declaración de intenciones de Caja España, que se implanta en Cataluña con un mensaje humanista, propio de una entidad de sus características, donde el beneficio vuelve a la sociedad como cultura y obra social. En tiempos de crispación, observemos, analicemos y luego actuemos en consecuencia. Con calma, sin rabietas dirigidas. Aunque eso sí, seamos estoicos... pero no tontos.