SOMOS LEGIÓN
Lo virtual y lo real
MIENTRAS el país cada vez más virtual (es decir, ese país ensimismado en reformas estatutarias y trifulcas políticas del más variado pelaje), sigue concentrado en su aburrida y tesonera inopia, las cifras estadísticas nos ponen de frente a realidades nada virtuales: el número de extranjeros residentes en España se ha cuadruplicado en sólo cinco años. La población inmigrante supone ya el 8,5% de los 44,1 millones de habitantes que nos buscamos la vida en esta piel de toro. En Castilla y León el número de inmigrantes asciende ya a 91.318 lo que representa el 3,64% del total de la población de esta comunidad (2.510.849). Las cifras son, por sí solas, suficientemente elocuentes y vuelven a poner sobre la mesa uno de los asuntos más cruciales del hoy, y quizá sobre todo, de un mañana nada lejano. Pero, pese a la trascendencia de esta realidad que está ahí delante de nuestros ojos, llena de matices y precisada de grandes dosis de imaginación, da la sensación de que no aparece subrayada en el capítulo de las prioridades de los poderes públicos; o, al menos, con el énfasis que sería necesario y razonable. Por otra parte, nuestro enrevesado y envenenado panorama político, que hace imprescindible manual de instrucciones y don de lenguas para saltar de una a otra comunidad, no facilita nada las cosas a todo ese variado colectivo de gentes que precisa con urgencia apoyo y claridad pero que se ve obligado a afrontar, demasiadas veces, su aventura integradora entre la indiferencia y la confusión de un país crecientemente incomprensible y empeñado en poner puertas al campo con admirable, y suicida, abnegación.