Diario de León
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ANDRÉS MURES QUINTANA
León

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Las aguas andan revueltas en el Partido Popular. A escala planetaria el asunto Piqué parece cerrado, o mejor dicho, zanjado, en palabras del señor Rajoy. Cuestión distinta es que, efectivamente, el asunto no traiga cola dentro de un par de meses o tres, que normalmente es el tiempo en que tarda el presidente de los populares en Cataluña en hacer sus consabidas salidas de «pata de banco». Aznar, en su día, cometió el error mayúsculo (él sabrá el por qué), de defenestrar a Alex Vidal Cuadras. A partir de ahí, o mejor, de entonces, el PP en Cataluña va cuesta abajo y con los frenos recalentados, y la solución incluso a largo plazo, no parece fácil, y con los tiempos que corren, menos aún. En cualquier caso, es la cuestión doméstica la que nos ocupa en esta Tribuna. En el curso de las tres últimas semanas, en el seno de las filas populares leonesas ha habido movimientos telúricos, hábilmente difuminados por algunos de los protagonistas de los vaivenes. Decía Chencho hace pocos días, que el horizonte electoral empieza a vislumbrarse. Por una vez estoy totalmente de acuerdo con él. Aquí, en cuanto empieza a oler a listas y puestos, el nerviosismo se hace patente en cualquier formación política. Y no es para menos, sobre todo si tenemos en cuenta que a día de hoy, para mucha gente que está en puestos de responsabilidad política, que lógicamente conlleva la sabrosa remuneración inherente a los mismos, esta ocupación es la única que ha detentado en su vida laboral. Dicho en otras palabras: una cantidad apreciable de políticos en ejercicio no tiene otra fuente de garbanzos al margen de esa actividad. Y ejemplos en esta provincia (al igual que en otras) no faltan. Y hay una serie de ellos, algunos de honda y clara significación, que son paradigma de esta «clase dirigente». Desde hace ya bastantes años, política y negocio van del brazo en no pocas ocasiones; por ello mismo, las confrontaciones electorales para muchos de ellos supone el fin de la «era dorada». Los nervios por consecuencia están a flor de piel. Los correveidiles se afanan en propagar que la candidatura para la Alcaldía de León está «en candelero», que es como decir que está en la sabia decisión de los grandes prebostes de la capital autonómica. Incluso se ha hablado en alta voz del consejero de Fomento señor Silván, don Antonio, como pieza de recambio de don Mario. Éste a su vez no ha tardado ni un suspiro en declarar a la prensa y a todos los que quieran oírle, que tiene «todo el apoyo del Partido para seguir en la brecha el tiempo que haga falta». En el fondo, las declaraciones de Amilivia no dejan de ser intenciones razonadas; otra cosa es que lo que proclama se ciña enteramente a la verdad. En apoyo del actual alcalde ha salido a la palestra, igualmente presuroso, don Juan Morano, del que por cierto hacía muchísimo tiempo que no teníamos noticia. Dicen las malas lenguas, y aquí en León las hay como en toda casa de vecinos, que don Juan está muy, pero que muy agradecido a don Mario por la deferencia que ha mostrado hacia un vástago suyo en el asunto del currelo , que es de lo que se preocupa hoy cualquier padre que se precie para con sus retoños. También corre otra versión paralela en lo que al porvenir del antiguo alcalde de la capital se refiere, y esto es que don Juan ya no repetirá en las listas al Congreso. En Valladolid (insisto que es quien en definitiva manda y ordena en lo concerniente a esta Comunidad), están ligeramente hartos del señor Morano. Y también muy escamados de la labor que éste ha venido desarrollando como diputado por León. No en balde, hace cuestión de un par de años, él y Angelín Escuredo (plácidamente condenado al ostracismo total), encabezaban una lista fantasma que corría por los cenáculos políticos madrileños, conocida como «la de los novilleros», en clara referencia a que a ambos el trabajo parlamentario no les quitaba precisamente el sueño. Y puestas así las cosas, y con la que nos ha liado el señor Zapatero en muchos y variados escenarios de la vida nacional, se impone un nuevo rumbo para tratar de enderezar las cosas en la escasa medida de lo humanamente posible. Es así que cabe preguntarse incluso en alta voz. ¿Qué acontece en el Partido Popular de León ?. Las respuestas son varias, pero se pueden condensar en una que satisface y resume a todas las demás: que o se toman medidas muy serias en cuanto a personajes, slogans, y trabajo efectivo con mensajes muy claros, o de cara a las próximas elecciones locales y autonómicas, el mapa provincial puede sufrir un vuelco considerable en detrimento de los colores populares. A estas alturas para nadie constituye un secreto que los socialistas, con el fuerte apoyo gubernamental, harán lo posible y lo imposible por copar el sillón que actualmente ampara las humanidades de don Javier García Prieto. El Partido Popular leonés lleva demasiado tiempo dando cobijo a las mismas caras, y el resultado de la gestión pública en muchas áreas deja bastante que desear. Listas de espera interminables, gastos farmacéuticos disparados, el 112 que no va a pesar de esas pomposas declaraciones de don Luis Aznar desde su refugio vallisoletano; política interna de partido anquilosada, turismo en decadencia, tasa de paro considerable, y un largo etcétera. Después de la oscura etapa que significó la presidencia de Yiyo de Benito, una persona de extrema valía y valentía, de carácter, de clarividencia de ideas, y de una inteligencia más que probada, accedió a la presidencia del Partido Popular en León. Lamentablemente, el entorno de la Presidenta, al menos en muchos aspectos, inclusión hecha de personas y personajes, no parece estar en consonancia con el espíritu luchador de doña Isabel. Los años de muchas viejas glorias que indudablemente han prestado servicios impagables al Partido, se hace notar; y no me refiero en exclusiva a la cantidad de primaveras que gravitan encima de las espaldas de muchos, sino a perfiles muy gastados de años y años ocupando los mismos sitios. Y al final, el resumen de los logros de muchos de estos personajes tiene cabida en un par de folios . El momento que se vive es delicado; la Comunidad Autónoma, y la misma provincia, han de plantearse con extremo rigor las posibilidades de futuro a la luz de los acontecimientos que se vienen viviendo en los últimos meses. Y también es absolutamente necesario que los políticos leoneses, pero de forma especial los del Partido Popular, que al fin y a la postre es quien gobierna la Autonomía, tomen conciencia de una vez por todas del papel de León. En las pasadas elecciones locales, el Partido Popular sufrió un duro revés en la provincia de León; solamente hay que ver la curva descendente que señala los municipios en que se gobernaba hace ocho años y la situación actual. Se supone que en la actual Ejecutiva Provincial hay alguien capaz de interpretar mapas y diagramas de población con todas sus derivaciones. En cualquier caso no ha de faltar algún afiliado o simpatizante que eche una mano, ahora que don Gil ya no oficia (que se sepa) de cancerbero impenitente e impasible. Siempre he sentido admiración política por Isabel Carrasco, y he seguido muy de cerca sus intervenciones en los últimos años en el curso de as sucesivas confrontaciones electorales. Sinceramente es un placer ver el vapuleo a que somete a sus rivales, especialmente a los de las filas socialistas. Ya no es el arrojo que pone en sus contragolpes dialécticos, sino que las afirmaciones están adornadas de datos, cifras, citas periodísticas, y todo un arsenal de sabiduría, técnica, y memoria matemática. Ciertamente el carácter le pierde en no pocas ocasiones, pero si se rodeara de un elaborado equipo «técnico», es fácil que obrara maravillas, porque raza y saber no le faltan precisamente. Ella es, en definitva, la que tiene en sus manos esta catarsis, este cambio profundo que necesita el PP en esta bendita provincia tan dejada, y tanto tiempo, de la mano de Dios. Y ahora de la de don José Luis.

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