DESDE LA CORTE
Golpe al empresariado español
ORDEN de detención de dos máximos representantes de Repsol en Bolivia. Y además, la empresa, acusada de contrabando de petróleo. La acusación era conocida, pero pensábamos que todo había sido aclarado en las conversaciones diplomáticas y en el viaje que el señor Brufau, presidente de Repsol-YPF, hizo a Bolivia en fechas recientes. De hecho, esos contactos consiguieron que se levantara otra orden de captura del máximo dirigente boliviano de la empresa, Gavito Sánchez. Pero algo falló después de esas negociaciones, y la situación alcanzó ayer su nivel de máxima gravedad. ¿Estamos ante una trampa? No lo descarto, tal como se han producido los acontecimientos. Primero, Repsol hace público un comunicado para informar que se han suspendido las investigaciones judiciales. Pero, a las pocas horas, parece que el juez cambia de opinión, no lo comunica a la empresa, sus responsables creen que están fuera de sospecha, no se presentan a declarar, y los manda detener. Es todo muy extraño. Parece de pesadilla o de película donde los policías fabrican pruebas falsas. Si no es una trampa, estamos ante un comportamiento frívolo de la Justicia boliviana. Pero no nos perdamos en detalles especulativos. Si hubo contrabando de petróleo, cualquiera que haya sido su importe, nuestra petrolera quedará marcada para sie mpre. Su comportamiento no puede ser defendido, por muchas dosis de patriotismo que queramos poner sobre la mesa. El régimen de Evo Morales, ebrio de nacionalismo y de odio al capitalismo extranjero, lo aprovechará para sus fines, por mucha cordialidad que haya habido en su reciente visita a España y por mucha comprensión que haya demostrado al esfuerzo inversor de nuestro país. Y, si no hubo contrabando, todavía peor: estaríamos ante un montaje para justificar como sea la política de nacionalizaciones que Morales ha prometido. Y eso, con el procedimiento innoble de utilización de la Justicia. En todo caso, ¡qué golpe para el empresariado español! A partir de este suceso, Iberoamérica puede dejar de ser el territorio natural de su expansión. Se juntas dos enemigos: el crecimiento de movimientos indigenistas como el de Evo Morales y la inseguridad jurídica, que dista mucho de estar garantizada. En esas condiciones, ¿quién se arriesga a efectuar nuevas inversiones? Estamos viendo que las ideologías pueden dar un vuelco en cuestión de meses, y para mal: para dar ent rada a la demagogia. Si, encima, todo eso se puede agrandar con comportamientos que pueden ser considerados como coloniales o delictivos, se acabó el negocio. Estamos muy unidos por lengua, historia y cultura, pero falta el víncul o económico basado en la confianza. Ése el explosivo que lleva dentro el caso Repsol.