Diario de León
Publicado por
ENRIQUE VÁZQUEZ
León

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EL MINISTRO israelí de Defensa, Saul Mofaz, abrió la campaña electoral de su partido, Kadima, diciendo que si Hamas lanza acciones terroristas no vacilará en ordenar el asesinato de sus dirigentes incluido Ismaiil Haniyah, ahora primer ministro palestino. Se le puede creer. Israel ya asesinó en su día al fundador del Hamas, el jeque Yassin, un viejo paralítico que había purgado varios años de cárcel en Israel, y a su sucesor, el médico Abulaziz al-Rantissi, ambos con pocas semanas de diferencia, a partir de marzo de 2004, y había intentado matar en Amman a Jalid Meshaal, jefe del buró político del movimiento en el exterior. El ejército israelí ha matado desde las elecciones palestinas de 25 de enero a 36 palestinos y a un pastor libanés, incluyendo a varios niños, adolescentes y peatones diversos. Mofaz dijo ayer sentirse desolado por tales daños colaterales. Aparentemente, y en términos puramente políticos, el gobierno israelí no valora gran cosa el hecho de que desde hace dos años Hamas no ha reivindicado un solo atentado terrorista en Israel y observa escrupulosamente la tregua alcanzada con la mediación egipcia hace un año. Estos hechos, que fueron juzgados como un paso en la previsible evolución hacia las vías políticas, no son retribuidos. Y, sin embargo, es bastante seguro que la terrible represión israelí de la segunda Intifada y, en concreto, los asesinatos selectivos, ayudaron al triunfo electoral de Hamas. El río de sangre no sólo no sirvió para nada definitivo, sino que, como escribió sagazmente Akiva Eldar, hizo el prodigio de que después de cinco años, los palestinos, en vez de ondear la bandera blanca (de la rendición) izaran la verde (del islam). El representante de Kofi Annan en Oriente Medio, Alvaro de Soto, reiteró el lunes la oposición de las Naciones Unidas a las ejecuciones extra-judiciales, pero sus palabras han tenido poco eco. Israel prefiere la mano dura y se siente mejor con militares al timón: el civil Olmert, primer ministro por azar, es percibido como vacilante y para corregir la penosa impresión de que no se está tan bien como con Ariel Sharon está el general Mofaz.

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