Terapia de choque en Alemania
EL DIAGNÓSTICO de los males que aquejan a Alemania, que no consigue crecer a un ritmo que reduzca el crónico problema de un desempleo cercano a los cinco millones de personas, es conocido: la economía alemana, lastrada por un gigantesco e insostenible Estado de Bienestar, ha perdido gran parte de su competitividad. Merkel, apoyada por la «gran coalición», parece dispuesta a emprender las reformas necesarias para adelgazar el Estado y remontar el vuelo: ya se ha anunciado la congelación de las pensiones hasta el 2009 y el retraso de la edad de jubilación a los 67 años. Estas medidas, que suponen prolongar la vida laboral y reducir las expectativas en lo relativo a las rentas reales de jubilación, generan rechazo pero los alemanes empiezan a ser conscientes de que no tienen ante sí otro camino.