Diario de León
Publicado por
CÉSAR ALONSO DE LOS RÍOS
León

Creado:

Actualizado:

ESTAMOS YA en el buen camino. En el de la verdad. Dos años después del atentado que costó la vida a 192 personas, la opinión pública ha pasado del desconcierto a la incredulidad y, de esta, a la necesidad de conocer algún tipo de explicación plausible. Quizá era inevitable recorrer el camino propuesto por los socialistas y la Comisión del 11-M y comprobar que, por esa vía, no sólo no se llegaba a ninguna parte sino que se nos condenaba al oscurecimiento sistemático de los hechos. Por otra parte, la respuesta científica requería un tiempo. El que exige el análisis de un embrollo cuyo sumario consta de casi sesenta mil folios. Desde el 12 de marzo la interpretación políticamente correcta, que dio el triunfo electoral al PSOE, ha sido que en aquellos primeros momentos el gobierno provisional del PP trató de engañar a los españoles al atribuir la autoría a ETA y negarse a reconocer que el atentado había sido una respuesta a la intervención española en la guerra de Irak. No obstante, habían quedado en el aire las advertencias de José María Aznar en la Comisión del 11-M según las cuales los atentados habían tenido por objeto el vuelco en las elecciones y los autores, que habían escogido esa fecha, no andaban en «montañas lejanas ni en desiertos remotos». Y digo que, al fin, estamos en la vía de la investigación porque Luis del Pino aniquila ciertas pistas falsas y denuncia la destrucción de otras que habrían podido conducir al descubrimiento de los autores, al menos materiales. En todo caso, llega a la conclusión de que el 11-M fue un crimen de encargo; que es mentira que los principales sospechosos fueran islamistas y que la masacre haya sido una represalia por la participación española en la guerra de Irak. ¿Participó de alguna manera ETA en la masacre? Es obvio que, de haberse producido, nunca habría sido reconocida por la banda. En este caso no habría podido mantener la costumbre de reconocer la autoría. Si el atentado de Hipercor tuvo para ETA unos costes no deseados, la participación en el 11-M habría desencadenado en la sociedad española una reacción inimaginables. Por otra parte, podría haberse tratado de un tipo de implicación más laxa aunque igualmente criminal. El estudio de Juan Ignacio del Burgo se abre a la posibilidad de relaciones personales, con consecuencias operativas, entre miembros de ETA y miembros relevantes de organizaciones terroristas islamistas. A los dos años de la masacre conocemos los agujeros negros y las contradicciones de las interpretaciones hasta la fecha. Y se iluminan pistas inquietantes, ¿prometedoras de la verdad?.

tracking