Diario de León
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FEDERICO ABASCAL
León

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EL GOBIERNO tiene medios para verificar la fiabilidad del alto el fuego etarra, según afirmó el presidente Rodríguez Zapatero en Bruselas, y cuando tenga «la certidumbre de que el alto el fuego permanente es la antesala del final definitivo (de la banda)», solicitará al Parlamento el aval necesario para un diálogo con ETA. Esto será antes del verano. No debe dejarse que el verano acabe pudriendo un asunto político tan delicado, en el que debe derrocharse atención y prudencia constantes. Y el martes recibirá Rodríguez Zapatero a Rajoy en La Moncloa para iniciar con el principal partido de la oposición una ronda de contactos con todas las fuerzas políticas. Las fuerzas políticas, excepto el PP, apoyarán al Gobierno en la gestión del proceso hacia la paz en Euskadi sin la menor contrapartida o reticencia. Pero esa actitud no puede adoptarla el PP tras haber utilizado incesantemente la lucha antiterrorista como arma dialéctica contra el Gobierno. La modificación de toda estrategia firmemente asentada requiere un lento proceso de adaptación a la nueva circunstancia, por lo que Rajoy no irá a La Moncloa para ponerse incondicionalmente a disposición de Rodríguez Zapatero sino para recibir toda la información disponible, trasladarla a su partido y, tras análisis de la dirección, pronunciarse. El presidente preferiría que, una vez aceptada la posición del PP, que es también la del Gobierno, los dirigentes populares se quedaran quietos en este asunto, dado que el protagonismo de las conversaciones iniciales, con posibles intermediaciones entreveradas, no debiera ser compartido. Más tarde, al despuntar el otoño, se iniciarían en el País Vasco las charlas multipartidistas en torno a la mesa de diálogo que terminará convocando el lendakari Ibarretxe, para que alguien recuerde su famoso plan, tan vulnerable al olvido, y allí tendría el PP no sólo su asiento sino la tribuna desde la que defender sus posiciones. Pero la colaboración inicial más importante que Mariano Rajoy podría ofrecer a Rodríguez Zapatero es la de estarse quieto, sin más protagonismo que el de ser periódicamente informado por el presidente de la marcha del proceso. No va a ser fácil que la cúpula popular resista a partir del martes próximo, cuando Rajoy salga de La Moncloa, la tentación de seguir tirando chinchetas ante la bicicleta de Rodríguez Zapatero, pero en esta circunstancia, con sondeos de opinión atronadores en favor del diálogo con ETA y de un apoyo necesario e incondicional del PP al Gobierno, Rajoy tiene la oportunidad de imponer su sensatez y la finura de su espíritu galaico sobre esa rusticidad política que tan a menudo dilapidan sus más cercanos colaboradores.

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