Diario de León
Publicado por
CAMINO GALLEGO
León

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LAS calles de León son estrechas. Algo normal en una ciudad trazada en la época romana y ampliada según se iba necesitando, con recovecos medievales, pero sin anchuras, porque nunca hubo tanto esplendor como para que el tráfico de carros y carruajes fuera tal que se necesitaran calzadas dobles. Y cuando llegaron los coches tuvieron que adaptarse a lo que había y en esas estamos, porque cada vez que se ha tenido la oportunidad de urbanizar un nuevo polígono ha primado la especulación sobre el «derroche» de amplias avenidas (La Chantría es el ejemplo, malo). Por eso se necesita un transporte público rápido y cómodo, cualidades que no tiene el que hay y que parece que nunca tendrá. Como tampoco las aceras de la capital son anchas está claro que no se pueden colocar en ellas las marquesinas de autobús que hay en cualquier ciudad normal, sino que deberían adaptarse a nuestras aceras y buscar que los tejadillos estuvieran en el aire, para no cerrar el paso. En vez de esto, lo que se le ha ocurrido a algún cerebro brillante es sacar las marquesinas a la calzada, quitando zona de aparcamiento (que sobrará con tanto párking subterráneo) y cuando llegue el autobús obligará a detenerse a cuantos vehículos circulen detrás, porque ocupará la totalidad del carril y en sentido contrario habrá tráfico. Así que, por ejemplo, en Mariano Andrés las colas serán de Guinness y en José Aguado aumentarán los accidentes, porque habrá que jugarse el tipo pues la marquesina impedirá la visibilidad del cruce. Pero ya se sabe que eso son pequeños detalles que no importan a nadie más que a quien quiere incordiar.

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