EL OJO PÚBLICO
«Governabilità»
ESA FUE durante muchos años la palabra clave para entender la política italiana: gobernabilidad. Con ella se hacía referencia al problema fundamental de un régimen político que garantizaba como pocos en el mundo la representatividad de los partidos, pero al precio creciente de hacer casi imposible la formación de gobiernos estables capaces de sacar adelante sus programas. Los llamados gobiernos del pentapartito (formados por democristianos, comunistas, socialistas, socialdemócratas, republicanos y liberales) fueron, desde el final de los setenta, la expresión más evidente de esa compleja situación y, al propio tiempo, el punto culminante de un sistema en descomposición que sólo podía acabar como acabó: en el colapso. Y al colapso -con el que se cerraron los ochenta- le siguió, como consecuencia ineluctable de un sistema político bloqueado, la berlusconización de los noventa. Fue así como de una Italia sencillamente ingobernable, en la que los ejecutivos duraban lo que un caramelo a la puerta de un colegio, se pasó a una Italia gobernada por el hombre más rico del país, que iba a ser incapaz, de distinguir entre la gestión del Estado y la administración de sus empresas. El que la sociedad italiana haya sido incapaz durante años de poner fuera de juego a esa especie de Duce electivo, y al régimen de colusión entre vida pública y negocios implantado por Berlusconi, constituye una prueba irrefutable de la crisis a la que habían llegado en Italia las fuerzas progresistas. La victoria de La Unión en la Cámara de Diputados y el Senado -indispensable en un sistema de bicameralismo perfecto donde no es posible mantenerse en el poder sin mayoría en las dos cámaras- permite a Prodi formar gobierno, aunque no es seguro que, llegado el momento de adoptar ciertas decisiones estratégicas, su Ejecutivo pluralísimo pueda gobernar sin dificultades muy notables. Esa es, de hecho, la gran responsabilidad a la que tendrán que hacer frente Prodi y la variopinta tropa política con la que il Professore ha conseguido batir, al fin, a il Cavaliere: la de aprovechar una oportunidad histórica para sacar a Italiade un marasmo político que hasta ayer parecía interminable. Ya veremos.