Diario de León

EL BALCÓN DEL PUEBLO

Modernización de los regadíos

Publicado por
JUAN F. PÉREZ CHENCHO
León

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LA MINISTRA de Agricultura, Elena Espinosa, acudió ayer a la capitalidad del Páramo: Santa María. Conmueve por su aparente fragilidad y sus ojeras de tristeza. Quizá por ello, como dijo el vicepresidente segundo del Gobierno, Pedro Solbes, guardián del dinero del Estado, los campesinos leoneses han empezado a quererla. Y a protegerla. O quizá, no; quizá sea porque aquí, en todo el noroeste, tiene a un gestor de división de honor al frente de la Seiasa (Sociedad Estatal de Infraestructuras del Norte): Graciliano Palomo. Es el padre de los convenios rubricados ayer por la ministra y el consejero de Agricultura y Ganadería de la Junta de Castilla y León, José Valín. Hasta lograr su redacción definitiva hubo un denso e intenso trabajo. Los campesinos no suelen dar el visto bueno mientras vean sombras en los surcos. Unos convenios que permitirán la modernización de los regadíos. En total, 17.000 hectáreas (11.000 del Páramo Bajo y 6.000 del Canal del Parámo). Los convenios son de envergadura. Sólo los que se empecinan en no admitir la realidad pueden continuar con sus letanías de lamentos. La inversión prevista para los dos proyectos de modernización es la más alta jamás conseguida por el campo leonés: 102 millones de euros. Sólo la superan las obras del Ave entre León y Asturias. Unas obras de ingeniería asombrosas, partiéndole el vientre a la Cordillera Cantábrica para acortar las distancias. Cuando concluyan, León y Asturias estarán tan cerca como un parpadeo de ojos. Como un suspiro. Por cierto, es una buena noticia que los ojos que velen por la seguridad y corrección del Ave entre León y Asturias se ubique en La Robla. Los agricultores del Páramo están de enhorabuena. Las obras de modernización comenzarán a finales de este año y en el 2008 ya palparán los beneficios. Sus sementeras de alubias, remolacha o maizales, recibirán la bendición de la lluvia -el riego es por aspersión- mientras juegan a la garrafina, al mus o al subastao, o ven sin sobresaltos un partido de fútbol. Todo codificado. Ahorro y comodidad en el mismo sobre. Según los cálculos económicos, cada campesino pagará unos 90 euros por hectárea y año. La financiación se sustenta en el trípode de la Junta, con un 20%; de Europa, con un 24%, y de la sociedad estatal Seiasa, que aportará el 36%. Yo soy hijo de campesinos, aunque ribereño del Órbigo. Y creo a pies juntillas que los parameses están de enhorabuena. Son los que más valoran el agua. Sin agua no hay vida. Y lo saben muy bien, porque su redención llegó con el embalse del Luna. Con anterioridad no conocían el musgo. Toda la comarca pudo salir de la miseria para entrar en el esplendor. En el Páramo existe como una especie de gratitud impagable al sacrificio de los habitantes del valle del Luna. Ahora los parameses acometen el segundo gran acto de su proyecto: modernizar los regadíos y dignificar su condición de hombres del campo, aunque algunos vivan en la ciudad.

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