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ANXO GUERREIRO
León

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EL FUTURO inmediato de la política catalana, y en gran medida el de la española, se van a decidir tanto en el referéndum que se celebrará en Cataluña el próximo 18 de junio como en las elecciones autonómicas de otoño. Una derrota del sí en el referéndum daría al traste con la estrategia diseñada por Zapatero para estabilizar el modelo de Estado durante el próximo cuarto de siglo. Tampoco un ajustado triunfo de las fuerzas que respaldan el Estatuto catalán solucionaría el problema. Así pues, para el Gobierno, el PSC y CiU sólo es aceptable una amplia participación popular y un triunfo aplastante del sí el próximo 18 de junio. El segundo y definitivo asalto de este combate se producirá en otoño con motivo de las elecciones autonómicas. Más allá de las oscilaciones coyunturales, el consolidado mapa electoral catalán ofrece cuatro combinaciones posibles de gobierno y, aunque alguna parezca hoy irrealizable, no la descarten de antemano. La primera de ellas es la reedición del tripartito. Pese a que esta experiencia ha existido ya, el maximalismo de Esquerra Republicana y la dura disputa por el voto nacionalista la hacen improbable, pero en modo alguno imposible. La tercera combinación estaría sostenida por la suma de los votos de CiU y PP. Aunque en estos momentos esta hipótesis se antoja irrealizable, no debe olvidarse que esa mayoría se ha dado en el pasado y que tras la bandera del nacionalismo están apostados intereses económicos que tienden a aproximar a ambas fuerzas políticas. Existe, finalmente, una última posibilidad, quizá la más probable, consistente en una alianza poselectoral entre el PSC y CiU, opción por la que suspiran amplios sectores del PSOE y que se ha abierto también camino en el PSC.

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