Diario de León
Publicado por
VICENTE PUEYO
León

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UNO, por ejemplo, no puede llegar muy lejos en el periodismo deportivo si sus pulmones no tienen capacidad para gritar durante un mínimo de 30 segundos la palabra «¡Goooool!». Esto, que no se aprende en ningún libro ni en ninguna facultad, se convierte en constatación empírica siempre que uno no esté más sordo que una tapia. Pero esto no hace daño a nadie, o los daños colaterales son de poca monta, y hasta le da vidilla a nuestra abrumada existencia. Otra cosa que tampoco es asignatura obligada, ni optativa, en ninguna facultad es la de aprender a ser un carroñero, un tipo sin caridad ni corazón, sin unos mínimos éticos con los que andar por la vida. Pues, miren por dónde, los hay que tienen matrícula de honor en esas materias y hasta se diría que han hecho un máster de vísceras y mala baba. Quienes crean que me estoy pasando, basta que reflexionen sobre el «seguimiento» que se está haciendo de la pasión y muerte de Rocío Jurado. Sin tratarse de comportamientos insólitos -ya hemos visto mucho en esto del periodismo cardíaco- da la sensación de que, en el caso de la famosa cantante de Chipiona, se están traspasando todas las barreras si es que quedaba alguna por traspasar. Informadores de pacotilla, que cuando abren la boca hacen temblar a cuanto de noble le pueda quedar a la profesión del periodismo, diseccionan al minuto la agonía de un ser humano dando pábulo al rumor más inconsistente y llegando incluso a dementir sin despeinarse el óbito que aún no era óbito. Las ya innumerables cadenas de televisión, con su tiránico share, la imperiosa inmediatez y su absoluta falta de escrúpulos dan de comer principalmente a toda esta miseria andante que ha perdido la referencia de lo que es moralmente aceptable y cuyo nivel de autocrítica es cero. Dicen que la gaditana ha entrado en un coma más profundo. Mejor que no sea consciente de esa jauría que es como una ola necrófaga. Al final, algunos presumirán de que fueron «los primeros». Y le llamarán exclusiva. Y le llamarán periodismo.

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