TRIBUNA
¿A qué viene Zapatero a Cataluña? Y lo de León, ¿qué es?
¿POR QUÉ viene Zapatero a Cataluña a defender el Estatut? ¿Por qué tiene tanto interés en que se apruebe? Por algo será. ¿Es que nosotros, los catalanes, no tenemos interés? ¿Tenemos, acaso, menos que él? Sería sorprendentemente extraño. Por algo sería Es bien curioso que deba venir Zapatero a decirnos qué hemos de votar el día del referéndum. Además de triste y vergonzoso. Y si ahora viene Rajoy, como se anuncia, Cataluña se convertirá en el ring de la lucha nacional. ¿Será, quizás, que nuestro (hasta ahora) president Maragall (al que, dicen, ZP ha recomendado que se retirara) no está muy convencido o no tiene lo suficiente autoridad moral por convencer a los ciudadanos?. Tal vez. Porque si estuviera realmente convencido de que es el Estatut que necesita Cataluña no nos habría insistido tantas veces que es «insuficiente» y que el bueno era el que aprobó el Parlament, que parece que ya está en el trastero (con Carod de guardián). Y si, además, tuviera tanta autoridad moral sobre la ciudadanía, no le haría falta haber empezado una campaña antes de tiempo -a destiempo (¿ilegal?)- y con tan malas artes, como es expulsar del Gobierno aquellos que discrepaban (ERC) y ahora echar barro sobre los contrincantes (PPC). Maragall -y también Zapatero- olvidan aquello que tan oportunamente nos recuerda ahora el emblemático cantante Raimon, el del « Diguem no !». «El Estatut -dice Raimon- no lo ha hecho el Govern, sino los partidos» (...), por lo tanto «no era necesaria la expulsión de Esquerra Republicana de Catalunya del Govern de la Generalitat aunque hubiera optado por el no al referéndum». Y se podría añadir: no es necesario, ni limpio, ni democrático que se pretenda echar también fuera del juego político -con descalificaciones, insultos y golpes bajos- a otros partidos, plataformas y agrupaciones o ciudadanos que discrepan, porque creen que estamos ante unos restos o desechos del Estatut aprobado con tanta solemnidad y aplausos por el Parlament de Cataluña, o porque piensan que creará más problemas que los que resolverá. Unos y otros pueden equivocarse, pero están en su derecho de pensar y defender lo que crean oportuno, sin que esto sea «ir contra Cataluña», sino simplemente discrepar de quienes quieren imponer como sea sus tesis, su pensamiento único. En cualquier caso, no es el del Parlament, el que precisamente viene a defender y a vendernos Zapatero, sino «el suyo» ( o pactado -tambien insatisfactóriamente- con la oposición y no con el Govern), el «cepillado» (según Alfonso Guerra), y la aprobación del cual en referéndum pretende Zapatero que le mantenga en La Moncloa y Maragall en la Generalitat. Y para esto valen, por lo visto, el juego sucio y los juegos de manos. Aznar decía que hablaba catalán «en la intimidad», Zapatero se proclama «culé» sin haber estado en el campo del Barça. Como decía el abad de Poblet, «se está jugando con la gente». ¡Y tanto, padre abad! ASISTIMOS a un momento histórico en el que cada comunidad redefine su estatus. Cataluña en su nuevo estatuto se define como nación y Andalucía como «realidad nacional». Hay una especie de carrera en el que se juega un poco a «tonto el último», de modo que nadie quiere ser «último» y en tanto se tiende a atribuir que es mejor ser «nación» que «región» pues claro en esa carrera se busca el podio. Algunos en esta situación en que unos y otros juegan a ser «nación» se pueden preguntar ¿y entonces qué es España? Aplicar el concepto Estado para asociarlo a España es como decir que todos los españoles somos funcionarios. Además es vincular España a un plano exclusivamente político. Si no nos referimos a Francia como Estado francés o a Alemania como Estado alemán, no veo motivo alguno para utilizar este término para referirse a España. Los españoles compartimos una cultura, unos valores de identidad que hacen que sintamos más cercano a un valenciano que a un parisino. Sentimos como propios los éxitos de un manacorí como Nadal o un asturiano como Fernando Alonso. Entiendo que esto es algo a reconocer y proteger. Anselmo Carretero definía España como «nación de naciones». Esa línea argumental es la que ha seguido Pascual Maragall en su reforma del estatuto. Desde León hemos venido apoyando el reconocimiento de la «unidad en la pluralidad» frente tanto a aquellos que niegan esa pluralidad como a los que simplemente buscan construir unidades distintas. Esa cierta crisis de España y lo español tal vez no sea ajena a la propia crisis de León. Se dice en nuestro himno que «sin León no hubiera España». Pues bien en el estado de las autonomías se ha evitado el reconocimiento a León como una de las autonomías que componen el mosaico español. Ello es algo que puede estar en la base de esa crisis de definición de lo que es España y lo español (no creo que en el futuro el himno leonés deba decir «sin León no hubiera Estado español»). León también se pregunta sobre su identidad. León no es una provincia más de la Comunidad autónoma. En la propia denominación se recogen dos identidades «la castellana» y «la leonesa». Alguien que es de Ávila o Burgos no tiene problema alguno en identificarse como castellano. En esa identificación encontramos la significación básica de lo que es el concepto región como plano intermedio entre lo que es la identificación con la localidad (Ávila, Burgos) y la que lo es con la identidad nacional como españoles. En el caso de León entre la identidad local y la nacional nuestra identidad de referencia no es la castellana. Si los burgaleses se identifican como castellanos, los leoneses evidentemente no. Es por ello que podemos decir que existe una identidad Regional Leonesa que más allá del marco local o provincial se extiende al ámbito regional histórico de León, Zamora y Salamanca. León es región. La Junta de Castilla y León intenta crear, vía talonario, una identidad artificial castellano-leonesa. Para ello subvenciona la mentira de aquellos que tergiversan el pasado para acomodarlo a sus propios intereses políticos. Serían innumerables los ejemplos pero nos podríamos fijar en dos: El decir que Octavio Augusto vino a someter a Castilla y León o que desde 1.230 Castilla y León forman una «unidad de destino en lo universal» pues podría producir hilaridad sino fueran temas tan serios. Definir León como región no entiendo que suponga situarnos en una especie de segunda división frente a aquellos que se identifican como «naciones». Nuestra personalidad histórica no es en menor que la de cualquiera de ellos. De hecho uno de los cuarteles que figuran en el escudo de España le corresponde a León (los otros son a Aragón, Castilla y Navarra). Así que complejo ninguno. Tal vez el problema es que en la Constitución española se reconoce el derecho a la autonomía a las regiones y si León es región entonces por ello mismo tendría derecho a alcanzar su autonomía propia y diferenciada.