TRIBUNA
Los tentáculos de la ley
Hace algunos años, para unos triste y para otros felizmente pasados, -cada uno cuenta la feria según le va-, nada escapaba al imperio de la Ley. Por eso todos los problemas comunes de los ciudadanos que se podían solucionar se resolvían desde el Gobierno. No sé si nos damos cuenta o no de que esta faceta cada vez es menor y de una forma solapada y discreta por parte de las empresas y del gobierno estamos asistiendo a una privatización de aquellas competencias que legalmente aún son estatales. Para no dar más rodeos diré que me estoy refiriendo a la seguridad, la sanidad y la educación. Es cierto que en general la calidad de vida ha mejorado y eso se ve en los vehículos que usamos y la ropa que vestimos. También somos más libres, podemos desplazarnos por todo el territorio nacional o lo que es más importante expresar nuestra opinión en infinidad de medios sin ser perseguidos por ello. El problema llega cuando también los delincuentes, sinvergüenzas, vagos y otras especies que pueblan los ecosistemas de pueblos y ciudades gozan de esa libertad. Y es que lo que no teníamos previsto es que las calles se llenaran de camellos, ladrones de guante blanco, o de los que no utilizan guantes; o que hubiera barrios enteros en los que no entra la Policía y reina la ley de la selva. Lo que nos está ocurriendo es que hemos salido de la sartén para caer en las brasas, que dic en por aquí. Porque en un intento por escapar de aquel régimen totalitario y fascista que tanto sufrimiento y tanta sangre costó, nos hemos instalado en un sistema de «todo vale» y así estamos; que los delincuentes actúan con bastante impunidad amparándose en su condición de insolventes, menores, etcétera. Y, cuando al delincuente se le condena a prisión, resulta que tiene su celda con calefacción, agua caliente, dos menús, gimnasio, etcétera, y al salir a la calle cobra el paro. Con un régimen penitenciario así no es nada raro que además de aumentar la población reclusa autóctona, también se haya llenado esto de bandas de todo tipo y de otros lugares donde entrar en la cárcel es una experiencia bastante más traumática. En este aspecto, ahora más que nunca, lo estamos viendo que los Cuerpos de Seguridad del Estado no pueden garantizar nuestra seguridad y el que disponga de bienes que proteger no le queda más remedio que acudir a las empresas de seguridad. Tenemos la suerte de vivir en un lugar avanzado, libre y con muchas posibilidades. Nadie tiene disculpa para vivir fuera de la Ley, por eso no se debe permitir que nadie lo haga y todo aquel que decida hacer del delito su forma de vida debe ser perseguido y condenado con dureza, sólo de esta manera conseguiremos menguar la altísima tasa de delincuencia que ahora tenemos. En cuanto a la educación, nos ocurre tres partes de lo mismo. Los profesores acuden a sus trabajos atemorizados, incapaces de poner orden entre los alumnos que les han asignado. Alguno ya se conforma con no ser víctima de sus agresiones o gamberradas, y es que cómo se le ocurra a alguno pegar un tortazo al alumno que lleva dando guerra todo el año, para él tiene, porque el primero que se le echa encima es el padre, que estará tan asilvestrado como el hijo, y después tendrá que rendir cuentas ante el Juez. Con un panorama así, la opción de los padres que desean dar a sus hijos una buena educación, es ajustar el presupuesto y buscarse un colegio privado donde las condiciones de trabajo sean normales y no se tolere ningún problema que obstaculice la necesaria formación de los jóvenes y mucho menos que aprendan en el patio del colegio a traficar con droga o a reventar un coche con un destornillador. En cuanto a Sanidad, la cuestión es parecida y toda aquella persona que tenga una dolencia que curar y no quiera pasar a engrosar las largas colas de la Seguridad Social, no tiene otro remedio que contratar un seguro privado de salud. Sería alentador para mucha gente que el presidente del Gobierno cambiara un poco el rumbo de su trayectoria tan permisiva y empezará a preocuparse de combatir de forma contundente, breve y eficaz todos los males que afectan a los ciudadanos. Y es que eso es compatible y necesario en una democracia, porque lo contrario no deja de ser una especie de tiranía, por omisión pero tiranía .