EN BLANCO
La CIA, en casa
PARECÍA que nos caía lejos Palma y es probable que los hayamos tenido casi en casa. Ahora resulta que al menos uno de los vuelos fantasma de la CIA pasó cuando menos una vez por Vigo, que una larga experiencia acumulada en estos trasiegos. Pero con una diferencia sensible: éste, de confirmarse, sería el primero en el que primó el sigilo, y por algo será. Los mismos norteamericanos provocaron que allá por 1898 llegaran hasta 7.500 repatriados de Cuba en el lapso de unos meses. El pueblo salió a vitorear a aquellas piltrafas humanas, a ofrecerles caldo caliente. Después, en 1939, no sé si Franco quiso demostrar su afecto a Galicia haciendo salir por este puerto a unos millares de soldados de la Legión Cóndor, que habían luchado al lado del dictador. Esta vez el viaje se ha hecho con discreción y alevosía, aunque han sido cazados al vuelo. No es más que otra concreción del paso por España y otros países de esos pájaros de acero que se sospecha llevan en su panza el terror y la arbitrariedad e impunidad en el trato a los supuestos terroristas. En los medios independientes de todo un mundo es un secreto a voces que la CIA ha hecho estos viajes. Nuestro Gobierno ha tenido una reacción tardía e insuficiente, de manera especial a partir del momento en que la propia Unión Europea ha dado por buena que esa grave infracción existió. ¿Con la connivencia de los gobiernos, con la incapacidad de los ejecutivos? Si el Aznar de turno hubiera hecho la vista gorda habría sido impresentable, pero comprensible su actitud ante el amigo americano; pero Zapatero se juega mucho en el empeño. Si a los que dejó con un palmo de narices en Irak, con la aquiescencia de la inmensa mayoría del pueblo español, les ha tolerado ahora, o no ha ejercido sobre ellos el control necesario, será un traspié muy grave.