PANORAMA
Daños colaterales
DURANTE el mes de mayo, las milicias palestinas dispararon 176 cohetes caseros Kassam sobre suelo israelí, pero no causaron ni un muerto. En las represalias -misiles aire-tierra o artillería- murieron 49 palestinos, incluidos once niños. En junio, la situación ha llegado al escándalo: en los últimos diez días han muerto veintidós civiles, entre ellos nueve niños y varias mujeres, la última de las cuales, embarazada, pereció el miércoles. El diputado árabe-israelí Mohamed Barakeh, del Hadash, llamó al ministro israelí de Defensa, Amir Peretz, asesino de niños y pidió su dimisión. Y por fin llegaron las censuras, de la ONU, Rusia o Gran Bretaña. La teoría israelí es conocida y fácil: no toleraremos ataque alguno desde Gaza y responderemos cada vez con toda intensidad «sin más consideraciones que la seguridad de nuestros ciudadanos» (primer ministro Ehud Olmert el miércoles a una conferencia del Congreso Sionista Mundial en Jerusalén). Pero las cosas no son tan sencillas y esa conducta se basa en otras consideraciones más generales. El discurso oficial israelí ahora es conocido: a la vista del caos en el campo palestino y la inherente falta de un «interlocutor válido», se procederá a la fijación unilateral de las fronteras políticas, porque «no podemos esperar indefinidamente». La primera premisa de tal estrategia, pues, es la necesidad de que siga el desorden en los territorios, es decir la pugna entre 'realistas' (Abbas y al-Fatah) y «maximalistas» (Hamas).La posibilidad, cierta y tal vez próxima, de que tal pugna concluya, el Hamas entre en la OLP, se forme un gabinete de unidad y el previsto referéndum decaiga, es un escenario que altera y hace inviable el proyecto israelí: en ausencia de violencia, llegarán -supuestamente- el derecho y la solución de dos Estados basados en las líneas de 1967. La muerte de docenas de inocentes palestinos, muchos niños entre ellos, no ayudan precisamente en esa dirección.