Diario de León
Publicado por
ENRIQUE VÁZQUEZ
León

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LA TRÁGICA explicitación de la violencia sectaria en Irak y la incapacidad -querida o no- del gobierno de coalición para erradicarla han conducido a un río de sangre: un rosario de atentados de todas clases ha dejado unos 75 muertos entre el domingo y el lunes mientras los sunníes piden la intervención de la ONU. La ONU tiene ya un representante sobre el terreno y su secretario general ha hecho llamamientos continuos a respetar a los civiles y a dar cobertura al gobierno legal. Pero son gestos litúrgicos sin poder reaL. Lo cierto al día de hoy es que lo que llamamos «insurgencia» ha llevado su desafío al poder a extremos tales que se ha convertido en el viejo ajuste de cuentas inter-comunitario que observadores lúcidos esperaban. Pero hay un hecho que distingue las dos posiciones. Los rebeldes, tanto si son combatientes «internacionalistas» contra la presencia de tropas extranjeras en suelo del Islam como si son laicos vinculados al antiguo régimen, pretenden la derrota de la coalición foránea y se dicen empujados a su conducta por la invasión y la ocupación subsiguiente y, a término, su argumento es que nada de lo que sucede sucedería sin la invasión, lo que técnicamente parece exacto. El caos sobre el terreno traduce, pues, un caos previo de naturaleza política, social y cultural. Parece olvidado ya que hay una diputada sunní, Taysir al-Mashhadani, secuestrada y en manos de chiíes, es decir, amigos teóricos del gobierno, que la ejecutarán si, entre otras cosas, los sunníes no detienen sus ataques contra mezquitas chiíes. Hay, pues, una guerra dentro de otra que cada parte entiende ganar por la fuerza y en la que el gobierno, si no quiere ser juez y parte, deberá promover rápidamente un desenlace pactado.

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