Desde Canarias
Al responsable de la Consejería de Sanidad de Sacyl exponer lo siguiente: Las consultas en el centro de Salud de Boñar el día a día son satisfactorias, pero, lo grave de la situación son las guardias. Un médico sólo para las guardias es insuficiente, se necesitarían dos médicos, en invierno y en verano. La estación de San Isidro está en nuestra comarca, luego el Campamento, y el cámping de Boñar. El médico de guardia tiene que salir a una urgencia, bien sea en Lillo o Valdelugueros, si el médico sale a una urgencia el Centro de Salud queda abandonado. El Centro de Salud muchas veces, digo muchas veces, está cerrado porque el médico salió a una urgencia. Le quiero citar sólo dos casos concretos señor consejero de Sanidad: El 23 de octubre del año 2005 a un niño de siete años le cayó una puerta de hierro encima y su padre lo trasladó al centro de salud y se encontró que la puerta del centro estaba cerrada; esperó en la puerta varios minutos, pero el médico no apareció. Ante la gravedad del niño el padre trasladó a su hijo a urgencias de León. Segundo caso: el 20 de junio del 2006, un adulto con pérdida de conocimiento grave, nos encontramos sin médico de guardia, salió a Lillo, gracias al 112 que nos salvó la situación; según los médicos de urgencia de León este último enfermo si tarda unas horas más no se podría haber hecho nada por su vida. Estos problemas son muy frecuentes en Boñar, en verano con el crecimiento de la población, y en invierno con la estación de San Isidro, es un problema social grave. Con estas líneas le pediría al señor consejero de Sanidad que sea solidario con nuestros problemas, en octubre del año 2005 se remitieron a su departamento de la Consejería de Sanidad varias firmas, y aún no contesto a dicha petición. José Geraldes Fernández (Boñar). El carámbano de la política nos trae a mal traer. La sociedad española necesita un clima de autenticidad, menos cordilleras que cierran libertades y más valles para poder respirar éticas olvidadas. Nada es transparente en este desgobierno de mariposas repelentes que sonríen cínicamente a la justicia. La angustia es hoja de ruta para los que no se casan con poder alguno y van por libre. Todo está como muy vuelto y revuelto en mezquindades, bajo un camino alfombrado de intereses y estrategias. Para unos que España se levanta dividida, para otros que España se acuesta sin brújula que nos oriente a una digna calidad de vida. A mal traer nos traen los políticos que no hablan entre sí. Se debe encender la luz del diálogo. Hágase la palabra, dijo el poeta cuando enseñó a volar a la paloma. Es pasto de salud ante el huracán de irresponsabilidades que penetran por las ventanas del corazón humano sin llamar a la puerta. El pueblo ha de saber que el portazo de la indiferencia tampoco es solución. Hay que tomar la calle del profundo respeto hacia el bien común, conversar mucho y escuchar más, antes de que sea demasiado tarde. El cardenal Caffarra, en el Congreso Teológico-Pastoral sobre la Familia en Valencia, puso un sol bien grande para ver si nos despertamos del pasotismo. No dudó en decir que hoy, en nuestra sociedad occidental, la principal emergencia es la emergencia educativa: una entera generación de adultos no sabe ya educar a una entera generación de jóvenes. En verdad que nos hace falta, si acaso, una lluvia de soles, que nos empape de poesía, para que se derritan las soledades, los individualismos y demás cárceles que nos ponen entre rejas la esperanza. El reflejo de los radicales ha de equilibrarse, con la labor callada de los mediadores, para que la sinrazón se ahogue en su propio huracán. La paz, más temporal que perenne para desgracia de todos nosotros, precisa de gentes, con urgencia, que tengan como actitud de vida, otras miras y otros horizontes, la convivencia democrática conforme a un orden económico y social más humano y más justo. Esto sí que sería un avance para celebrarlo y concelebrarlo. Más que mirar atrás hay que mirar hacia delante. En consecuencia, menos condenas a un pasado, que fue el que fue, y más trabajar por los valores de comprenderse y entenderse. Que la patria común es de todos y, en todos, es ley de vida. El carámbano como norma nos congela. Que no vuelva a decir poeta alguno, miré los muros de la patria mía y un carámbano me partió el corazón. Víctor Corcoba Herrero (correo electrónico). Antonio González Martínez (El Medano; Tenerife).