Diario de León
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FEDERICO ABASCAL
León

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EL MINISTRO Moratinos advirtió ayer en el Congreso de una evidencia: si se impone la dinámica de la guerra, vino a decir, podemos encontrarnos con la generalización del conflicto. Como hoguera localizada, el conflicto ya es aterrador. De ahí que deba alentarse todo esfuerzo para evitar que se generalice y, más aún, para ponerle el fin inmediato que Javier Solana, pedía ayer desde Jerusalén, sin citarlos, a los dos países -Siria e Irán- que manejan los hilos de Hezbolá y del terrorismo libanés chií. Moratinos expuso ayer en la comisión parlamentaria de Asuntos Exteriores la posición del Gobierno español ante el estallido de violencia en Oriente Próximo. Casi todos los grupos apoyaron al ministro, con diversa gradación de matizaciones, excepto el PP, que arremetió duramente contra «la ambigüedad» del presidente Zapatero, e IU, cuyo líder Llamazares sostuvo que no se debe confundir desproporción en la legítima defensa con una ilegalidad flagrante en materia de Derecho Internacional. En nombre del grupo «popular», su portavoz Arístegui pidió claridad en vez de ambigüedad en la posición del ejecutivo socialista, pues el PP no sabe si esa posición es la de Zapatero en su reciente mitin de Ibiza o la declaración de la UE, a la que el Gobierno español debería atenerse. No sorprende, pues, que el horno israelí se utilice como arma política para desgaste del adversario, dado que la campaña electoral lleva meses más o menos abierta. Y si el PP subraya un supuesto antisionismo de Zapatero, por haber hablado en Ibiza más de la desmedida represalia de Israel que de las provocaciones de Hezbolá y Hamas, Zapatero se preguntaba ayer en Alicante, ante un congreso de juventudes socialistas, dónde están ahora los que jaleaban la guerra contra Irak, refugiados al parecer en un silencio cómodo. Sí, es electoralismo y hasta un intento de instalar al adversario, para reducir su agresividad, en las coordenadas de su nada lejano abanderamiento subsidiario de la guerra de Irak, con ciertas inexactitudes argumentales. Pero en esta situación nada importa un nuevo rifirrafe entre el Gobierno y el PP, pues se trata nada más y nada menos que de evitar lo antes posible que la provocación terrorista de Hamas y Hezbolá al ejército israelí, es decir, a Israel, y la respuesta demoledora de éste en Gaza y en el Líbano siga causando víctimas inocentes, desplazamientos masivos de población y esfuerzos relativamente baldíos de las dos partes en lucha, pues ninguna de ellas podría vencer totalmente a la otra. A Hezbolá, porque una organización chií y terrorista siempre podría replegarse a Siria, en espera de tiempos mejores, y a Israel, porque su hipotética derrota se vería evitada por y precedida de un conflicto, entonces sí, generalizado, que modificaría notablemente la situación de Oriente Medio y la de los equilibrios planetarios.

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