Diario de León
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JUAN F. PÉREZ CHENCHO
León

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FUE UNA etapa heroica. El Tour de Francia 2006 no cuenta con un tirano -deportivo, se entiende- estilo Merckx, Hinault, Indurain o Amstrong. Es un Tour abierto con muchos aspirantes a la gloria. Ello favorece el espectáculo. El de ayer emocionó a aficionados al ciclismo o a simples espectadores. Fue épica la escapada del danés Rasmussen, coronada en éxito. Y las ascensiones de los españoles Carlos Sastre y Óscar Pereiro, a los dos primeros escalones de la clasificación general. Ahí es nada. O el hundimiento del fugaz líder Floyd Landis, al agónico sufrimiento del ruso Denis Menchov y de otros cualificados corredores. La etapa de ayer culminó con la expresión de júbilo para el ciclismo español. En Porriño, patria chica de Pereiro, tronaron los cohetes. Es el líder y crece la esperanza del triunfo final en París. Y del Tour de Francia, a las etapas menores de la política española. A la carrera francesa le quedan cuatro jornadas. A la política española, tal y como se vende el percal, una eternidad. De todos es sabido que Mariano Rajoy es un seguidor empedernido del ciclismo. Acomodado en el sofá y fumándose un puro, estará dándole alientos a su paisano Pereiro. Él hizo su propia etapa política en la víspera de la coronación de los Alpes. Pasó por Benavente, donde fue increpado, no aplaudido como los «esforzados de la ruta». De Benavente, sin dificultad alguna en la ruta, llegó a Ponferrada y a Carracedelo. En la última localidad se dio un baño de multitudes, en la cena/mitin más concurrida de la historia berciana. Más, incluso, que en la festividad del Botillo de Bembibre. Mariano Rajoy repitió las conocidas jaculatorias sobre el Gobierno de Rodríguez Zapatero. No mencionó para nada la crisis interna del Partido Popular en El Bierzo. La única novedad estuvo en la crítica a la postura del Gobierno y de su presidente sobre la situación en Oriente Medio. Centremos el tema: Rodríguez Zapatero, tras criticar la actuación de Hezbolá y pedir la liberación de los soldados israelíes secuestrados, también denunció la respuesta desproporcionada de Israel. Consideró, además, que la provocación/represalia empeoraría la situación, ya de por sí explosiva. En Carracedelo, Mariano Rajoy manipuló y tergiversó, una vez más, la posición del Gobierno en política exterior sin exponer la suya propia. Pero lo que se me antoja muy importante es el corolario de sus palabras: Si no considera desproporcionada la respuesta israelí a la provocación de Hezbolá, eso quiere decir que el presidente del PP la considera normal y es partidario de bombardear a la población civil, de matar a niños y mujeres completamente indefensos, de destrozar las infraestructuras báscias de un país, dejándolo sin luz, agua y comunicaciones, esto es, devolviéndolo al subdesarrollo. En definitiva, Mariano Rajoy sigue siendo partidario de lo mismo que Aznar en la guerra de Irak. Esa es la línea del PP en política exterior que Mariano Rajoy no se atreve a reconocer, pero que se deduce, punto por punto, de sus palabras. Y es conveniente decirlo con claridad para no engañar ni llamarse a engaño. Pero quiero ser bienpensado y debo reconocer que a algunos de los asistentes al mitin se les atragantó la cena.

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