Diario de León
Publicado por
MARÍA J. MUÑIZ
León

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HAN TENIDO SUERTE. Suerte de que hoy no llevara en el coche la sierra mecánica (de eso y de mi fobia a los objetos punzantes y cortantes), suerte de que se me vaya la fuerza por la boca, suerte de que me parezca más a Scrabby Doo que al asesino en serie de la autopista. ¡Que si no...! ¡Cómo puede haber tanto soplatodo por las carreteras, especialmente por estas que recorremos varias veces al día los que vivimos en el alfoz y trabajamos en el alfoz, pero al otro lado! ¿Soy yo únicamente la que va increpando a los imprudentes, los pelmas, los que tienen más prisa que nadie,...? ¿Sólo yo me siento de repente ridícula pergeñando una vendetta en toda regla contra el listillo que intenta colarse y nos colapsa a todos contra un camión? ¿No hay nadie más que se descubra hablando solo en el coche y se le quede cara de yo no fui? Es un curioso fenómeno el de los comportamientos cotidianos que, no por repetidos, dejan de sacar lo peor de nosotros. El del coche no es el único. A mi me despiertan los instintos asesinos algunos usuarios del carrito del supermercado. ¿Es tan complicado circular por un lado, o por el otro, pero sólo por uno? ¿No pueden elegir su atún favorito con el carro de las narices en horizontal, y no en perpendicular, a las estanterías? ¿No entienden que una familia desplegada en batería intentando elegir batido de chocolate o chufa nos rompe el ritmo a los que hacemos la compra contrarreloj? Ese cliente cortando el paso al que le dices, con exceso de cortesía: «Disculpe, ¿me deja pasar?» Y o no te mira, o te mira con desdén mueve diez centímetros su puñetero carro para que el tuyo, de más de medio metro, siga sin pasar. ¿Es o no es para matarle? Todo esto en un mismo día es demasiado ponerse a prueba. ¡Señor, cómo necesito estas vacaciones!

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