Diario de León
Publicado por
EDUARDO CHAMORRO
León

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ES PRIVILEGIO del gobernante meter el dedo donde le dé la gana y la pata donde se le antoje. En ese mismo sentido, es expresión significativa de su talento sacar uno y otra lo más rápidamente posible o, al menos, en cuanto haya surtido efecto la introducción. Si nos atenemos a ese principio del pensamiento maquiavélico, puesto en lengua bien vulgar, para buscar significado y sentido a las acciones de unos gobernantes que de distinguidos tampoco es que tengan mucho, entonces se topa uno con la evidente vigencia de uno de los comentarios más dramáticos y reveladores de toda la historia del pensamiento político españo. Es el comentario al que recurrió Godoy en uno de sus encuentros con el conde de Aranda, al que señaló que «hay cosas que usted ha estudiado para no saberlas». El conde de Aranda había metido muchas patas y muchos dedos en un buen número de ojos, aunque la muerte le pilló perfectamente reconciliado con los jesuitas y en el cálido seno de la Iglesia Católica. En cuanto a Godoy, también se puede decir que tenía unos cuantos temas estudiados con tanto denuedo como inteligencia roma y vuelo más bien rasante. Uno y otro contaron con el tiempo suficiente como para dejar constancia de las atrocidades a las que podían llegar cuando se ponían a estudiar algo, ya fuera la alianza con Gran Bretaña, ya fueran los manejos con Napoleón. La cuestión aquí y ahora, puestos a averiguar qué ha estudiado cada cual y qué es lo que cada cual sabe, podría plantearse de la siguiente manera: ¿Ha estudiado Zapatero lo debido para saber lo que le están poniendo cuando le ponen encima una bandera palestina? ¿Tiene Pepe Blanco sus estudios suficientemente al día para saber lo que dice cuando habla? ¿Cuánto ha estudiado cada uno de ellos sobre lo que hay que hacer con las banderas y lo que hay que comentar sobre lo que hacen los estados con los que mantenemos buenas relaciones? Hace más de dos años aprendimos que Zapatero había estudiado para mantenerse elocuentemente sentado al paso de la bandera de un aliado. Ahora sabemos que su vocación en cuanto aspirante a estadista es lograr un master en semejante metedura de pata. También sabemos que en cuanto a envolverse, tampoco va a mostrar cautelas a la hora de hacerlo con una bandera que, de entrada, hará un equívoco de cualquier gesto que se haga con ella y, de salida, ofrecerá a ese espejo de estadistas que es José Blanco la oportunidad de meter la pata, el dedo y prácticamente toda su mismidad en el hueco del amplio y extravagante insulto de tildar de homicida a un país que se está defendiendo de un ataque coordinado de organizaciones terroristas expertas en acciones suicidas con víctimas inocentes inmediatas y directas.

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