Diario de León
Publicado por
JAVIER TOMÉ
León

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EL RICO y variado idioma castellano ya cuenta con una nueva variante literaria, equiparable por su categoría ética y estética a las greguerías que se inventó Ramón Gómez de la Serna e incluso a las reflexiones más selectas y profundas de nuestros escritores del Siglo de Oro. Se trata de los llamados «aznarismos», todo un tratado filosófico especialmente dedicado a los devotos de la Biblia y el tiro al blanco contra el moro. El autor de tan insólita invención estilística, no hace falta decirlo, es don José María Aznar, centinela de Occidente, evangelista del siglo XXI y un hombre tan precavido que anda por el mundo con un martillo en una mano y un soplete en la otra. Diga que sí, don José Mari, si el 90% del pueblo español le reprochó aquel asuntillo de la foto de las Azores, cuando se dedicó a cepillar los fondillos al pantalón de Bush y hacer una limpieza dental a mister Blair, que menudo trabajo le costó, era por pura envidia, pues todo hubiéramos deseado estar en su lugar para ejercer de Maritornes en la más alta ocasión que vieron los siglos. Es cierto que los dirigentes de las democracias europeas le consideran un Torrente de la escena internacional, o que los diputados mejicanos votaron una resolución para que le echasen a gorrazos por cazolear en los asuntos del país, pero eso es pura inquina hacia un tipo más resalao que la mujer de Lot. Los socialistas y otros rufianes de parecida laya van más allá en su metralla ideológica, afirmando que al expresidente del Gobierno le ha dado un punto raro y tiene los sesos inflamados. Cochina envidia porque Aznar, un sacerdote de la racionalidad, es el hombre que todos queremos ser.

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