Diario de León
Publicado por
JULIO DE PRADO REYERO
León

Creado:

Actualizado:

A PROPÓSITO de la quinta edición de las Jornadas Medievales, que ahora se celebran con motivo de las Fiestas Patronales de Sabero, se hace necesario recordar que fueron en su día las distintas crónicas de la Edad Media las que se encargaron de recoger y narrar en prosa, con la mayor veracidad y realismo posibles, algunas de las gestas de nuestros personajes y héroes, que pronto se apresuró a versificar la poesía épica, y aunque ahora la consideremos como anónima, sin duda alguna ha tenido como autor a una persona culta, pasando pronto a ser difundida al pueblo por los juglares, admitiendo, según los lugares, distintos arreglos y modalidades, que son los que ahora recogen las distintas ediciones del cancionero popular, gracias al que se ha hecho posible que llegue a nuestros días. En lengua castellana el prototipo más estudiado, cuidado y completo es el famoso Poema del Mío Cid, que nació en 1140, apenas pasado medio siglo de la muerte de su héroe Rodrigo Díaz de Vivar, alias El Cid Campeador. En nuestro caso es necesario tener en cuenta que León es tierra nativa de muchos de estos héroes de la categoría y fama de Guzmán el Bueno, que protagonizó la gesta más renombrada y gloriosa de la Reconquista española a la hora de la defensa de la plaza militar de Tarifa y de quien dice el P. Risco en su Historia de la Ciudad y Corte de León que murió en el año 1309 «dejando en sus proezas eternizado su nombre». León es asimismo escenario, entre otras, de renombradas gestas, como la de Suero de Quiñones y otros nueve caballeros más a la hora del Paso Honroso del Puente del Órbigo en el siglo XV durante el reinado de Juan II. Otras gestas más o menos auténticas, son las realizadas por Bernardo del Carpio en las montañas de Luna o la de Juana García, La Dama de Arintero, que disfrazada de hombre descendió desde las montañas del Curueño para guerrear en tierras zamoranas y luego morir a su regreso en La Cándana, traicionada por un soldado rival. Otras muchas hazañas de nuestros antepasados fueron relegadas al olvido. Entre otras, la protagonizada por Marcos Gutiérrez a partir del año 1200 en la defensa del Castillo de Aguilar con el fin de recuperarlo para el último de los Reyes de León, Alfonso IX, a pesar de haber sido recogida por la crónica de campo, entre otras en los términos siguientes: «Sitiado el castillo, faltaba también la gente, porque unos morían y otros debieron morir por el hambre, de modo que quedó dentro de él solo, Marcos Gutiérrez, amparado por los gruesos muros. Comió todo lo que había dentro comestible, como los cyeros de las sillas, las correas y los ratones, hasta pacía las hierbas, que nacían en el corral y en los muros y una vez consumado todo y viendo que le faltaban las fuerzas, con gran frescura y valor cogió las llaves del castillo en sus manos y se dejó caer atravesado cabe el mismo y así quedó descordado hasta mediodía. Pero antes había comulgado de la tierra y encomendado su alma a Dios. Los de fuera combatían como solían dando grandes voces, haciendo mucho ruido, pero nadie respondía desde dentro. Entonces se allegaron a la puerta, pero no lograron abatirla por mucho que hicieron. Y viendo que nadie les recudía, entraron escalando los muros y se fueron hacia la puerta para abrirla, pero hallaron al caballero atravesado junto a ella con las llaves en la mano. Lo trataron con cuidado temiendo que volviese en sí y lo hiciesen daño, pero viendo que estaba del todo desmayado y sin cuerdo, no le hicieron mal alguno antes se dolían de su estado. Y cogiéndolo en los brazos lo acostaron en una manta, le echaron agua por el rostro y entonces comenzó a abrir los ojos. Hicieron por él lo que pudieron y comenzó a guarescer. El rey de León don Alfonso, le hizo también mucha honra, este Marcos fue loado y cantado por toda la tierra». Hasta aquí todo pudo parecer pura fábula durante mucho tiempo, pero afortunadamente, gracias a la labor desarrollada por las publicaciones de Fuentes de Estudios de Historia Leonesa, de nuestro Archivo Diocesano que dirige José María Fernández Catón, en el año 1998 aparece el volumen n.º 71 dedicado al monasterio de Santa María la Real de Gradefes, y bien leído y releído por mí, me encontré con esta gratísima sorpresa en un documento de compraventa, que se hace a favor del monasterio en Valdealcón en el año 1202: la redacta y firma el notario Nicolás, y con la fecha hace constar que esto sucede «estando encerrados en el Castilla de Aguilar Marcos Gutiérrez y Gutierre Rodríguez y en el de Monteagudo Rodrigo Ordóñez y Gonzalo Fernández Pollo». Parece que el asedio del castillo dura siete años, poniéndose fin a una situación que se arrastra desde el mes de mayo de 1187 en que el rey Fernando II contrae matrimonio con la dama de la nobleza vizcaína doña Urraca López de Haro, al entregarla como regalo de arras o de boda los Castillos de Aguilar y Monteaguado. En un momento de buenas relaciones y después de la ayuda mútua prestada entre ambos por los reyes Alfonso VIII de Castilla y Alfonso IX de León, se acuerda en el Tratado de Toraenamos, que tiene lugar en el año 1194, que se vuelvan al rey de León, entre otros, los Castillos de Aguilar y Monteagudo y ante la tardanza de la ejecución de lo pactado, es por lo que la acelera Marcos Gutiérrez, soldado y miembro de nuestra nobleza local, nacido en Casasola y casado con doña Juliana González, alumna de la condesa doña Sancha, quien les hizo donación de la mayor parte de su cuantiosa hacienda, siendo Tenente del Castillo «de mano» o en nombre de don Diego López de Haro, quien a la sazón después de haber estado al servicio de la Corte Real de León, lo está a la del de Castilla; lo que explica esta tardanza en devolver el castillo, llevándola a feliz término siendo Marcos Gutiérrez Tenente o Alcaide, después de un largo asedio, que según Ocampo se prolonga durante siete años; por lo que nos disponemos a celebrar en breve el octavo centenario de la gesta de Marcos Gutiérrez al escribir una de las páginas más hermosas para la historia de nuestro Reino de León y que si viviera aquel salmantino de pro afincado en León, Mariano D. Berrueta nos invitaría a celebrarlo brindando con esta copla de su paisano Juan del Enzina, Prior de la Catedral de León en el siglo XV: «Procuremos buena fama que nunca jamás se pierda, árbol que siempre está verde y con el fruto en la rama». Esperemos que la gesta de Marcos Gutiérrez no sólo sea un recuerdo de unos año,s sino realidad de un futuro sin fin en el que Sabero quiere perpetuar sus Jornadas Medievales sostenidas por la mística y fuerza que le dan esta hazaña sin igual y que en las postrimerías de nuestro viejo reino realizaron estos bizarros y valerosos caballeros del Alto Esla.

tracking