Diario de León
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León

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El pasado 26 de marzo viajé con mi nieta de dos años de Málaga a León, en el vuelo N.º 7251, con el número de billete 504-2040011628. Se extravía el equipaje de la niña, cursando la reclamación con el número N7LEN10015, este mismo día. A partir del día 27 hago varias llamadas al número 902 103 273 interesándome por el paradero del equipaje, pero hasta el 29 de marzo, no se me entrega la maleta. Dispongo de un certificado de fecha 17 e abril de la Empresa MRW, sucursal de Ponferrada, indicando la fecha de la entrega, así como que la maleta venía rota, abierta y revuelto su contenido. Sigo llamando al teléfono 902 103 273 para que me restituyan los gastos mínimos que se me originaron para cubrir las imprescindibles necesidades de mi nieta, como biberón, leche, etcétera, y que según facturas asciende a 162,83 euros. En este teléfono nadie me concreta nada pues todo son evasivas. El 20 de marzo envío un fax que me facilitan número 915504-8853, justificando mi reclamación, pero como si no hubiera enviado nada. El día 18 de abril, en carta certificada, envío todo el expediente de mi reclamación a Lagun Air-Central de Equipajes en Madrid, pero como sino hubiera enviado nada. Ante este injustificable misterio, en carta certificada, el 19 de mayo envío todo el expediente al Ministerio de Fomento-Dirección General de Aviación, pero al día de hoy como sino hubiera enviado nada. El 20 de junio, en carta certificada, envío el expediente al director de Lagun Air, pero al día de hoy, como si se lo hubiera enviado al portero de la compañía. ¡De pena! Ante el convencimiento de que lo reclamado me pertenece, seguiré insistiendo aunque estoy convencido que el lema utilizado por Lagun Air es el aburrimiento del pobre e indefenso usuario, aunque esta compañía tendrá un seguro para afrontar estas anomalías, y de alguna manera satisfacer al cliente. Antonio Mourenas (Ponferrada) El día 5 de agosto he sido ingresado en la planta segunda de Otorrinolaringología del Virgen Blanca a causa de hemorragias nasales. Por medio de este periódico quiero dar mi más sincero agradecimiento a profesionales sanitarios de dicha planta por su comportamiento hacia mi persona. Como profesionales inmejorables y como humanos un diez. Gracias de nuevo. Francisco Martínez Santos (León). En el ciclo de las horas y el discurrir de la vida, todo tiene su momento y cada cosa su tiempo bajo el cielo. Hay tiempo de nacer y tiempo de morir, tiempo de arrancar y tiempo de plantar. También nosotros, con nuestra experiencia por lo que observamos alrededor y por lo que decidimos en cada circunstancia, podemos escribir una historia en la que cada cosa tiene su momento. Algunas de estas cosas, no deseadas, las impone la ley de la vida, la realidad del ser humano con sus debilidades, la fuerza de la naturaleza o la intervención, tantas veces dañina del hombre y su pecado. Otras cosas, deseadas y deseables, son fruto del esfuerzo, creatividad y colaboración de tantas personas que ponen sus cualidades al servicio del bien; unas con grandes iniciativas y realizaciones; otras de forma sencilla y callada, en la vida cotidiana, sin ruido, pero construyendo poco a poco un mundo mejor para los demás. Al final, la vida se entreteje con fuerzas contrapuestas para las que cada cosa tiene su momento: unas hay que aceptarlas, saber encajarlas y reaccionar, otras hay que reconocerlas, rechazarlas con todas las energías y, en lo posible, actuar; otras, alimentarlas, cuidarlas, procurarlas con tesón y acompañarlas hasta el fin; otras por fin hay que disfrutarlas intensamente, dando gracias por la oportunidad de ser feliz. Porque hay tiempo de llorar y tiempo de reir, tiempo de hacer duelo y tiempo de bailar, tiempo de abrazarse y de separarse, tiempo de buscar y de perder. Ahora con el verano, llega para muchos la oportunidad de romper con los horarios habituales y cambiar los ritmos y prioridades. Tiempo para descansar y tiempo para trabajar. En este tiempo, el de descanso, tenemos la posibilidad de dedicar más espacio a la familia, a los amigos, a las actividades voluntarias que relajan y enriquecen el espíritu. También, porqué no, con mente y cuerpo más serenos, a repensar lo vivido, hacer balance y mirar con suficiente distancia lo que conviene reajustar del propio ritmo y de las prioridades en que nos desgastamos. Tiempo de guardar y tiempo de tirar, tiempo de rasgar y tiempo de coser, tiempo de callar y tiempo de hablar. Anatolio Calle Juárez (Navatejera). Que esta carta sirva como testimonio de nuestro más sincero y afectuoso agradecimiento a todo el equipo de enfermería de la segunda planta de la Clínica Altollano (Navatejera). En especial para Miriam, Raquel, Josemí, Marimar y Paloma. Durante el último mes de vida de mi padre, vuestro esfuerzo profesionales fue intachable, y, sobre todo, vuestra calidad humana hacia él y hacia nosotros, su familia, y nos ayudan, ahora, a soportar mejor su ausencia. Por todo ello, os damos las gracias. Familia de Miguel Ángel Silva (León).

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