EL MIRADOR
La «rentrée» más plácida
HACIA AÑOS que la rentrée política no inauguraba un ambiente tan sosegado como el actual. De momento, Zapatero y Rajoy van a entrevistarse, y esa noticia, que no puede calificarse de anómala, parece quebrar la anormalidad en que se venían desarrollando las relaciones entre Gobierno y oposición. El Gobierno, eso sí, tiene entre manos problemas de mayor cuantía, entre los que destacan la inmigración desbordada en las playas canarias y el envío de un batallón engrosado al Sur del Líbano, como fuerza de interposición entre Hezbolá e Israel, dos adversarios que en sus momentos de excitación no se resisten a disparar contra el pianista. No se entienden bien las razones que han inspirado a una entidad de estudios estratégicos cercana a Faes y al PP la divulgación de sus análisis más negativos sobre el envio de fuerzas españolas al Sur del Líbano. En uno de esos análisis se llegaba a sugerir que si tuvieran que repatriarse a España, envueltos en sacos de plástico, cincuenta o más cadáveres de nuestros soldados, eso sería la tumba política de ZP. Ni la caricia indisimulada a esa hipótesis trágica, ni la oposición frontal al envió de nuestros militares al Líbano, ni siquiera la comparación entre esa presencia de interposición y el contingente enviado en la legislatura anterior a Irak le habrían parecido a Rajoy juego limpio. Y aunque a veces el juego no es del todo limpio en política, sino más bien sucio del todo, hay circunstancias en las que o acepta un partido la evidencia o se da de cabeza contra el muro de la sinrazón. Y en este caso, la evidencia es la que Rajoy ha aceptado: pedir a Zapatero que explique los pormenores de esta misión pacificadora, adelantando que no va a oponerse ella. Ayer hablaba Rajoy en un tono de cierta placidez persuasiva, muy diferente del habitual entre los halcones de Génova y hasta del que él mismo venía empleando a principios de verano. Algo habrán influido en este cambio las encuestas, que siguen siendo desfavorables al PP, y sin que el PSOE logre subirse a las cumbres de la mayoría absoluta, pero también ha debido de producirse en Génova, en vísperas del nuevo curso, un suave puñetazo de Rajoy en una mesa diciendo que con soldados españoles y sus misiones de paz en el exterior, él ni admite juegos dialécticos, ni juega. Como sólo faltan ocho meses para las elecciones municipales y algunas autonómicas, y menos de tres para las catalanas, Rajoy debe considerarse con derecho a presidir el PP a su manera. Porque sería injusto que Génova le hiciera perder las elecciones y luego le echase la culpa de haberlas perdido. Es decir, lo que parecía escrito en el guión popular. En fin, cosas de la política. La rentrée de Rajoy sugiere un ambiente político de cierto sosiego, al que deberá habituarse el PSOE, y todo ello con los pertinentes arrebatos de furia.