LA VELETA
El sueño de Al Andalus
LA REACCIÓN del mundo musulmán a las palabras del Papa sobre las consecuencias nefastas que tiene la vinculación de la fe y la violencia ha venido a poner en entredicho la idea de un islam civilizado y convivencial. La respuestas no ha sido aislada o minoritaria, sino multitudinaria y global, encendida y amenazadora. Ha sido la expresión de los creyentes en la Yihad, en la guerra santa. Y esto a pesar de que el discurso del Papa tuvo un carácter académico y a pesar de que inmediatamente fue explicado como un «malentendido». ¿Resulta imaginable que en Occidente, en medios católicos, se hubiera podido producir una movilización similar a causa de las declaraciones de una gran autoridad musulmana? ¿La «ofensa» habría llegado a levantar los ánimos católicos desde Roma a Santiago de Chile? De hecho son frecuentes las proclamas anticatólicas de jefes islamistas y nadie en el mundo occidental les da importancia alguna. Si acaso son mera noticia, materia de comentaristas. Por otra parte es ya la segunda vez que vivimos en muy poco tiempo una experiencia parecida. El escándalo que produjo en los medios musulmanes la publicación de unas caricaturas de Mahoma nos permitió comprobar hasta qué punto los seguidores del Islam no han pasado por la Ilustración, la libertad de expresión, la convivencia hecha en la crítica... Por la parte occidental y sobre todo a partir de los atentados en Nueva York y Washington interesaba saber cuál es el peso real de las corrientes fundamentalistas en el mundo musulmán. La tragedia del 11 de septiembre abrió el debate sobre el arraigo y la extensión de la Yihad. Por utilizar las expresiones de Ratzinger, interesaba saber cuál es la proporción de musulmanes partidarios de vincular la fe y la razón frente a los que pretenden propagar esta mediante la violencia. Hasta hace bien poco se pensaba que los partidarios de Bin Laden constituían la vanguardia y, por tanto, la excepción. Por lo mismo los comentaristas habíamos llegado a ciertas convenciones en el lenguaje que pudieran ser expresivas de esta doble actitud. Islámico sería el creyente abierto a la convivencia con otras confesiones y culturas mientras islamista sería el militante dispuesto a la eliminación del infiel. Algo así como el laicista frente al laico sólo que con la práctica del terror por medio. Porque este es el punto en el que estamos: la utilización del terror por motivos religiosos. La reacción del mundo musulmán frente al discurso del Papa es preocupante. Viene a demostrar que el islamismo identificado con la Yihad es la norma, no la excepción. Israel es el objetivo inmediato y Al-Andalus se perfila como el siguiente. Córdoba ha sido siempre el recuerdo dorado y, por lo mismo, una utopía. Ahora es para una gran parte del mundo musulmán un sueño realizable.