Diario de León

CRÓNICAS BERCIANAS

Chupa-chups con sabor a guindilla

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León

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PONFERRADA con todas sus ínfulas cosmopolitas sigue oliendo a pueblo cuando llega septiembre. Por las ventanas se cuela el aroma a leña y carbonilla que azuza los «chambombos» en los que muchas familias siguen asando pimientos en una deliciosa clandestinidad. En los patios más recónditos se pela y se murmura completamente ajenos al creciente ruido de sables y de los facazos fratricidas en el seno de las formaciones políticas. A como en el PP se ventilan las últimas y gravísimas cuitas entre escuredistas y oficialistas sobre un estrado judicial, o a como en el PSOE se envían señales algo más dulces a través de las páginas de los periódicos. El «sheriff» comarcal de los socialistas, Antonio Canedo, recomienda al seguro candidato del partido en Ponferrada que se agencie su propio chupa-chups a cuenta de la demanda de la gestión de la depuradora para el Consejo del Bierzo. Y si Ricardo González Saavedra dispusiera de tanta solvencia y crédito orgánico como el aparente candidato del PSOE a la alcaldía de León, habría puesto a Canedo contra la pared con muchos más argumentos que con su pueril rechazo a los caramelos que vienen de «extraños». Porque la depuradora sería una buena oportunidad para que el Consejo saliera de una puñetera vez de su anonadamiento unamuniano, por muchos que sean los que interpreten como un altísimo riesgo entregar una infraestructura tan relevante a una entidad que no goza de ningún pedigrí gestor ni en lo más venial. Lo que sí queda claro es que Saavedra tiene toda la fuerza para ser el candidato de Ponferrada que le otorga su bloque fiel y a la vez la división de la agrupación. Pero si no gana la alcaldía -aunque para eso no es necesario ganar las elecciones- no le va a quedar ni un triste Sugus que lamer. Ahora bien, si triunfa, el que parece que va a conocer a lo que sabe ya no el chupa-chups sino su palo -y tal vez de quince kilos- será Canedo. Sin duda, uno de los fontaneros de más raza, junto a Conrado Alonso, en la organización del socialismo berciano. Nada que ver, por ejemplo, con la candidez del dimisionario Wenceslao Orallo, preso del «síndrome Calimero» que arrastra al ocaso total al político marginado. Al PP, con la cruz del MASS a cuestas, le viene bien, como diría Ibarra, que sigan entreteniendo al conductor del autobús -Saavedra- aunque sólo sea un poquito. Riesco, al que en su propio partido algunos aconsejarían que emprendiese una renovación muy notable en su lista, es cada vez más el gran enemigo de sí mismo con ciertas decisiones de medio pelo que llegan hasta los corrillos de peladoras de pimientos. Y no me estoy refiriendo a las grandilocuentes determinaciones urbanísticas, aunque en círculos socialistas -y ladrilleros- se espere como agua de mayo una sentencia firme en contra del desarrollo de La Rosaleda como ariete definitivo para poder abrir a Saavedra el portón del despacho consistorial. En el ambiente de la ciudad siguen flotando esencias de leña, carbonilla y morrones tostados. En el político empiezan a tufar esas guindillas que en la mejor tradición pimentera se reconocen como las de «putaparió».

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