APOLOGÍA DEL BIEN
La realidad aflora
AUNQUE NO ES VISIBLE totalmente, sí es patente que la riqueza del mundo está gestionada por personajes que manejan los hilos de la política para favorecer, sin ningún tipo de escrúpulo, sus intereses económicos. Los hechos indican que los actores que ocupan visiblemente el poder político, aunque obtienen grandes ventajas personales, están a las órdenes de los grandes magnates que manejan el capital especulativo y que, como vemos, está presente en todos los países. La faena se completa a través de las prescripciones, disfrazadas en forma de consejos, que hace el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el propio Banco Mundial, a disposición de los intereses de muy pocos. El capital especulativo circula libremente por todo el mundo con la credencial de la teoría de la globalización. Los teóricos encargados de bendecir las bondades de la globalización, teoría bien anunciada y bien promocionada, nos dicen que la globalización bien gestionada mejora la situación de todos. Pero la realidad nos dice lo contrario: la globalización, tal como esta organizada, dictada a medida del capital especulativo, ha deteriorado la libertad, la democracia y sacrificará la mayoría para enriquecer más a los señores de siempre. Por eso estamos perdiendo calidad de vida. Para que la globalización beneficie a todos es necesario poner limite a los caprichos de los capitalistas especuladores, invertir mucho más en educación, investigación y desarrollar y defender el planeta. Además de cultivar la solidaridad y los valores humanos. ¿Cómo sabemos lor ciudadanos que los gobiernos trabajan realmente a favor del capital especulativo y no a favor de los ciudadanos? Cuando comprobamos que los gobernantes muestran que su aptitud está muy alerta para defender las estructura del sistema que conduce a una solución feliz de los intereses privados de esa minoría que nos determina nuestras vidas. En este aspecto, la izquierda europea ha hecho en los últimos años tantas concesiones al capitalismo especulativo que ya es absolutamente imposible hacer una política social, como cabía esperar de ella. Los únicos países, y cada vez menos, que aún mantienen ciertas políticas en clave de calidad de vida para todos los ciudadanos son los escandinavos. Invierten más que ninguno en programas de educación y en investigación, atienden perfectamente las necesidades sociales y lo hacen de manera muy satisfactoria, tienen buena sanidad, no se espera, y buenas residencias para los que las necesitan. Además, la corrupción y el tráfico de influencias no son allí el pan nuestro de cada día. Se detectan y se corta rápidamente. Y el sistema impositivo es progresivo y además pagan todos, todo.