Diario de León
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VICENTE PUEYO
León

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«REBÉLATE contra la pobreza, más hechos, menos palabras».  La Alianza Española contra la Pobreza abandera con este lema una movilización de la que quiere hacer cómplices a los ciudadanos españoles. O, al menos, a todos aquellos que todavía no hayan perdido la fe en el hombre y en su capacidad de sobreponerse a sus propios errores. León, que también es planeta, se suma a estas jornadas de concienciación que ponen de relieve cómo, al margen, y muchas veces a pesar, de unos gobiernos sin imaginación y sin capacidad para la utopía, hay personas y colectivos audaces que siguen metiendo el dedo en la llaga de lo realmente prioritario. «Como no sabían que era imposible, lo hicieron», dijo en una ocasión Gandhi. Hoy vivimos en el territorio menudo de lo inmediato, y quien planta un árbol no piensa tanto en los que vendrán después sino en disfrutar cuanto antes de su sombra. Afortunadamente hay quien se rebela contra este estado de cosas, contra la inacción de unos  poderes públicos incapaces de cumplir sus solemnes compromisos. Por ejemplo: hace ya cuarenta años que Naciones Unidas instó a los países ricos a destinar el 0,7 por ciento de su PIB a la lucha contra la pobreza en los países más desfavorecidos. España sólo ha sido capaz de llegar a un miserable 0,35 por ciento. Se nos va la energía en casposas luchas tribales basadas en el chantaje permanente, en dar pábulo de normalidad capitalista a fichajes multimillonarios que tienen confundidos a nuestra mejor juventud, en el mantenimiento a cuerpo de rey de una tan exuberante como inoperante clase política; demasiados sillones para t an pocas ideas.  Por debajo, al margen del acomodaticio establishment, circula esa otra fuerza emergente de gente sana y valiente que busca huecos en colectivos y organizaciones alejados de alfombras y oropeles.  Cada día se aprecia más esa brecha que se abre entre la desnortada, aunque rentable, política convencional y esa clase de tropa de gentes desprendidas que intuyen que estamos en un momento crucial de cambio. Y es que se ha llegado muy lejos en el camino de la injusticia. Se multiplican estos días los ejemplos que ilustran sobre las lacerantes paradojas de nuestro tiempo: Por primera vez en la historia del planeta, 1.200 millones de personas de los 6.000 que pueblan la Tierra, comen más de lo que necesitan mientras que, una cifra casi idéntica, pasan hambre. Pero no hay que ir muy lejos. Aquí mismo, en León, se estima que una sexta parte de las familias están en el umbral de la pobreza.  Y son unas 4.000 personas, según Cáritas, las que hay que englobar en el apartado de la «pobreza extrema».   Pobreza local y pobreza global. Hay grados, pero hablamos de lo mismo: marginación, desnutrición, enfermedad, parados de larga duración, inmigrantes explotados¿ hambre de pan, hambre de salud y hambre de justicia. Sólo presionando desde abajo podrá irse modificando este proceso enfermizo que nos lleva a agrandar día a día la brecha entre países ricos y pobres. Nunca fueron tan grandes esas diferencias. Por eso tampoco nunca fue tan grande el riesgo de que acabe estallando en nuestras narices de cegatos nuevos ricos una colosal bomba de relojería que está claro que está en marcha.

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