PANORAMA
Salvavidas Baker
CONTRA lo que cabía esperar de su reconocida probidad y gran experiencia política, el ex secretario de Estado, James Baker, ha dejado filtrar lo esencial de lo que propondrá en breve para Irak antes de las elecciones parlamentarias y, así, ha echado un buen salvavidas al presidente Bush. Baker aceptó presidir, con un demócrata, Lee Hamilton, un equipo de diez redactores con todo el apoyo preciso para hacer una especie de auditoría sobre la crisis iraquí y hacer propuestas. Veterano como es, hizo decir a la secretaria de Estado, Condoleezza Rice, que estaba tan encantada como el propio presidente con el encargo para evitar malentendidos. Otra cosa parece ser la opinión del secretario de Defensa, Donald Rumsfeld, quien no se ha manifestado, pero hizo saber el martes en una rueda de prensa que nunca Siria o Irán «han sido de ayuda para nosotros», una forma de aludir a una de las proposiciones que se atribuyen al informe Baker: hablar con Damasco y Teherán para que presten su ayuda, que algunos creen decisiva, para contener la violencia. Los otros puntos clave serían hacer seguro Bagdad a cualquier precio; poner el énfasis en la estabilidad, no en la democracia; reagrupar las tropas poco a poco fuera de Irak, aunque cerca; acelerar el proceso de entrenamiento y capacitación de las fuerzas armadas y policiales y depurar y mejorar la ayuda material. Algo distinto y urgente se impone: en las últimas 36 horas han muerto, además de muchos iraquíes, diez soldados norteamericanos. El total es ya de 2.778 muertos. La sangría es insostenible.