Diario de León
Publicado por
GERARDO GONZÁLEZ MARTÍN
León

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EN ESPAÑA tiene tradición hacernos los suecos, como fórmula de simulación o de adoptar la actitud de que no nos enteramos de un recado que es evidente nos alude. Es lo que tendrían que haber hecho los partidos mayoritarios de este país ante el canto de sirena de Llamazares el desestabilizador, para reprobar al Defensor del Pueblo porque ha defendido los intereses que muchos españoles consideran lesionados por el Estatuto catalán. Era la actitud más sana para que la política no parezca más emponzoñada y no amenace más a las grandes instituciones, que cada día que pasa resultan más condicionadas por quien nombró a la mayoría de sus miembros. De pronto, todo cambia en el panorama, porque dos ministras suecas han decidido dimitir por no cumplir con sus obligaciones ciudadanas. No se trata de yerros equiparables a los de un rey español del ladrillo que se salte las normas a la torera o un político español influyente que cambie el curso del mercado modificando las condiciones para dar paso a una opa. El origen de esas dimisiones está en algo tan simple, tan minúsculo, como no pagar el canon de televisión, no declarar a Hacienda el pago de unas niñeras o abonar sus emolumentos en negro a unos canguros. Algo semejante en España es más que probable que lo hagan docenas de políticos. Hay más, y es que probablemente serían legión nuestros conciudadanos que más que condenar jalearían a quien se comportase como las ministras que no se han hecho las suecas. Aquí se llama tolerancia a admitir golferías sin sangre. Donde no hay conciencia de que uno está protagonizando una acción deleznable, mal se puede exigir de los cargos públicos que adopten actitudes ejemplares. O lo que es igual: seguiremos haciéndonos los suecos como colectivo, hasta que la carencia de valores amenace con devolvernos a las cavernas.

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