LA VELETA
Tiempo de corrupción
TOCAN municipales y se levanta la veda. ¿Por qué la mayoría de los escándalos se descubren cuando suena la hora de las urnas? Porque la investigación del periodista está muy vinculada a las confidencias, a las delaciones y no sólo de aquellas que pueden venir de los «enemigos» sino de los propios compañeros de partido. En las elecciones no sólo están en juego los intereses de los partidos sino los personales. Quiero decir que la lucha por el poder enfrenta también a los propios compañeros de partido. Las luchas internas han levantado más escándalos que las partidarias. El caso estrella de Filesa saltó a la prensa por las confidencias de un compañero/empleado que se sentía humillado y maltratado por el propio partido. Juan Guerra fue castigado por su mujer y algunos de sus íntimos. Se trataba de eliminar a alguien que se estaba convirtiendo por razones familiares en un poder fáctico dentro del partido. El aspirante a una alcaldía es el fiscal más riguroso que puede tener su contrincante. ¿Puede decirse entonces que la prensa se convierte en un buzón de venganzas y reclamaciones? Aunque así fuera, el papel no sería desdeñable pero, además, se trata de algo mucho más complejo: a partir de las primeras informaciones comienza el verdadero trabajo de «investigación». La batalla electoral de Madrid ha arrancado con el escándalo de Ciempozuelos, denunciado por ABC . La información ha tenido unos efectos de ciclón para el Partido Socialista cuando trataba de internacionalizar el debate sobre el urbanismo madrileño llevándolo a Bruselas. Simancas ha pisado una monda de plátano justo en el momento en que él estaba reclamando la atención del público. Una vez más desde los medios periodísticos se vuelve a reclamar una solución institucional de tal manera que no se vincule a la naturaleza humana el fin de la corrupción. Únicamente una liberación, inteligente, del suelo podría cortar de raíz el problema. Se trata de hacer imposibles las tentaciones. O casi. La otra medida institucional tendría que ver con la financiación de los partidos... Se diría que las cúpulas de los partidos han decidido ya vivir peligrosamente y que no les preocupa demasiado el descrédito de sus miembros, incluso de los cualificados. Quizá intuyen que una limpieza de las reglas de juego haría menos seductora la carrera política a ciertos niveles. Habría que sospechar también que a los dirigentes de los partidos les preocupa menos la pérdida de fama de su «clase» que al resto de los ciudadanos. Finalmente no sería justo por mi parte situar a los medios de comunicación en el Olimpo. ¿Quién no tiene en la cabeza casos de intoxicación destinados a rebajar la eficacia de las denuncias?.